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Sábado , 21.07.2018 / 19:18 Hoy

Deporte al portador

Un Tri que ilusiona

Román Revueltas Retes

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Luego del partido del viernes del Tri, me renació una ilusión he llevado prácticamente siempre dentro, como ferviente aficionado al futbol que soy: que la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) haga un gran papel en el Mundial de turno.

Vamos, hasta Joachim Loew (las vocales con diéresis —umlaut, en alemán— se pueden transcribir con dos letras en la lengua de Goethe, si a uno le viene en gana), el director técnico de los campeones del mundo, dijo que nuestro equipo juega ya al nivel de la Argentina o de Chile, anticipando sin duda que el encuentro con los aztecas en la primera vuelta del torneo no les será pan comido a los teutones.

¿Necesitaba yo en lo personal de otro pretexto para que se desataran mis más desaforadas fantasías? Digo, ¿un muy distinguido protagonista del balompié universal admite tan abiertamente que los mexicanos le inspiran respeto y yo no me voy a trastornar entonces de mi cabecita?

Lo que me fastidia, sin embargo, es el patrioterismo ramplón que nos infecta cuando el Tri logra alguna victoria en esa mentada fase de grupos de la gran competición. Pareciera que hemos conquistado, ya no la Luna, sino Marte, de plano. Y escuchas a los comentaristas, sobre todo los de cierta cadena televisiva, y te quedas con la impresión de que tienen consigna gubernamental para exacerbar los sentimientos nacionalistas. De vergüenza ajena, se los digo yo a ustedes a pesar de mis desaforadas expectativas.

Falta el partido del martes contra Croacia, desde luego. Y no será ya contra un equipo modestísimo que logró el milagro de la calificación a punta de enjundia y entrega, sino contra unos futbolistas que han jugado muy bien desde los tiempos en que existía aquella artificial aglutinación de naciones llamada Yugoslavia. Curiosamente, los croatas serán también los rivales directísimos de Islandia en el Mundial de Rusia, junto con Argentina y Nigeria. Vaya que lo tienen difícil, los esforzados vikingos (por cierto, las celebraciones de los islandeses luego de haber conquistado el billete para jugar el primer Mundial de su historia fueron también colosales, lo cual nos habla de que el balompié es un gran detonador de pasiones en todas las geografías).

En fin, parecemos, ahora sí, tenerlo todo para hacer un papel dignísimo (llegamos a cuartos de final, digamos, y me doy por bien servido): una camada excepcional de jugadores y un director técnico que, cuando funciona, logra resultados.

No sé si ustedes compartan mis inofensivos ensueños, lectores. Ya luego, si quieren, nos solazamos juntos en la derrota.

revueltas@mac.com

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