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Viernes , 21.09.2018 / 01:44 Hoy

Deporte al portador

Mujeres deportistas: disparidad salarial

Román Revueltas Retes

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Termino, muchas veces, rodeado de feministas: no de militantes radicales de la causa sino de mujeres con una mínima conciencia de las cosas y con reivindicaciones tan claras como legítimas, aparte de entendibles.

Ahí está mi hija, para empezar, secundada por mi exmujer, con quien llevo muy buena amistad. Tampoco mis amigas se quedan calladas cuando surgen en la conversación los grandes temas de la desigualdad, el maltrato y la violencia machista. Y, las más de las ocasiones no tengo. problema alguno en exhibir mi total respaldo a sus reclamaciones o protestas.

Ah, pero ¿qué le digo a mi hija si me hace ver que los sueldos de las futbolistas son descomunalmente inferiores a los de sus colegas masculinos? Intento explicaciones y tartamudeo dictámenes —después de todo a eso me dedico, a cacarear opiniones en mis columnas— pero no dejo de experimentar el sentimiento de culpabilidad de quien se ve orillado a reconocer una posible injusticia sin haberse, encima, preocupado jamás por el asunto.

Pues bien, hablemos del tema. El futbol de las mujeres, por lo pronto, comienza a ocupar mayores espacios y ya tenemos aquí una Liga MX Femenil. La cuestión sería la siguiente, sin embargo: el mercado existe como una realidad económica y las satisfacciones personales no se pueden inventar de la nada a pesar de que los consumidores estamos totalmente sojuzgados, justamente, por la dictadura de unas necesidades totalmente innecesarias. Vivimos, señoras y señores, unos tiempos en los que el impulso de aparentar ha alcanzado cotas a tal punto agobiantes que la gente es perfectamente capaz de renunciar a sus complacencias más básicas para comprar cosas que no necesita. O sea, que los mercaderes nos han llevado a creer que requerimos de objetos, servicios o estilos de vida que en manera alguna son importantes para estar verdaderamente satisfechos.

Así y todo, hay cosas que simplemente no han podido entrar en este catálogo de necesidades reales, ficticias, secundarias, triviales o lo que ustedes quieran. Entre ellas, justamente, el futbol femenil. Es decir, no hay un mercado importante: la gente no llena los estadios, los anunciantes no apoyan a los equipos, las televisoras no trasmiten los partidos, en fin. Por lo tanto, no hay dinero para sueldos astronómicos ni mucho menos. Tomará tiempo, sin duda, hasta que se igualen las condiciones gracias al mercado.

Pero, caramba, esto no lo explica todo. Porque, miren, la misma disparidad ocurre en el tenis, en el cine, en el ámbito empresarial, etcétera, etcétera. ¿Qué le digo a mi hija?

revueltas@mac.com



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