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Lunes , 18.06.2018 / 01:10 Hoy

Deporte al portador

Las expectativas que despierta el Tri

Román Revueltas Retes

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Pues, no. La ilusión desaforada que se me había desatado la semana pasada luego del partido del Tri contra los vikingos de Islandia no se robusteció tras contemplar el encuentro de nuestros aztecas contra unos croatas muy bien plantados en la cancha.

Así es esto, estimados lectores: el futbol, las más de las veces, es un tema de fantasías sobredimensionadas y expectativas infundadas. Los aficionados, con la fe inocente de quien desconoce selectivamente datos duros y números, cultivamos la esperanza de futuros luminosos, de triunfos históricos y de epopeyas en las que nuestro David derrota a un Goliat que se creía ya entronizado en el olimpo de los dioses futbolísticos.

Y, sí, por ahí, ocurre que un segundón de la liga baja logre derrotar al mismísimo Real Madrid en la Copa de España. Es la historia del modesto que reclama un lugar en el mundo y que, cuando alcanza los laureles de la victoria, protagoniza una suerte de historia ejemplar para todos nosotros: la justicia divina interviene en el orden universal de las cosas y recompensa al pequeño, al olvidado, al que nunca había logrado notoriedad ni reconocimiento.

Justamente ésa, la condición de segundón perpetuo, viene siendo la sempiterna trayectoria de nuestro equipo nacional, estimados aficionados. Pero, caramba, cuando alcanzamos un triunfo cualquiera, las más desmedidas perspectivas se desencadenan al imaginar, todos nosotros, que se abren las puertas del paraíso para un equipo que, finalmente, es lo que es y sanseacabó.

Me pregunto, por ejemplo, cuáles pudieran ser, en estos momentos, las expectativas de un conjunto nacional como el de Alemania, triunfador absoluto. Me imagino que esperan, los seguidores alemanes en su conjunto, buenos resultados, por lo pronto, y que fundan sus posibilidades en resultados previos, en la simple trayectoria de un grupo que ha logrado grandes resultados y en la solvencia comprobable de un equipo bien manejado.

Aquí, vivimos otra realidad. El señor Osorio se dedica a experimentar: es una especie de alquimista crónico que no se somete a las pruebas realizadas —y a partir de ahí, comenzar a trabajar con un modelo (de una maldita vez)— sino que pretende constantemente explorar con combinaciones, cambios e intentos.

Esta propuesta futbolística, yo diría, es el antídoto de la ilusión. Hasta el más inocente de nosotros, oigan, aspira a que el Tri tenga un modelo futbolístico, y nada más.

Y, no. Adiós, Mundial…

revueltas@mac.com

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