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Martes , 19.06.2018 / 23:30 Hoy

Deporte al portador

Futbol, afición de (muchas) mujeres

Román Revueltas Retes

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Una buena noticia, lo de que en las finales del primer torneo femenil profesional celebrado en México se hayan llenado los estadios.

Siempre he pensado que México debiera ser una auténtica potencia mundial en el balompié jugado por las mujeres. Pero, como casi siempre, hemos dejado de ir la oportunidad de conquistar nuevos espacios y de sacar ventaja de los demás.

Hoy, las grandes máquinas de conseguir títulos son nuestras vecinas del norte, seguidas de las alemanas y las noruegas. Las mexicanas simplemente no destacan en los torneos mundiales.

Pero, en fin, hay algo en la afición de las chicas al futbol que me resulta particularmente simpático. El macho típico suele ser un tipo que se apoltrona frente al televisor los fines de semana para mirar los partidos mientras se trinca media docena de cervezas aderezadas de comida chatarra. En ese espacio esencialmente masculino no entran las mujeres. Punto.

Bueno, pues ¿cómo calificaríamos entonces a las muchachas que no sólo van a los estadios —yo he llegado a ver a una joven mamá, en el de Aguascalientes, con su nena de diez años, solas las dos, sin acompañante hombre de ninguna especie— sino que se saben la clasificación al día, te pueden recitar la alineación de un equipo de memoria y te identifican a los jugadores desde la distancia de las gradas en el terreno de juego?

En alguna otra ocasión, precisamente en ese mismo estadio que es la casa del Necaxa, una señora ya más o menos entrada en años, acompañada del marido y la prole, soltaba comentarios sapientísimos sobre los avatares del encuentro —jugaban las Chivas, creo recordar, que, como tantos de los otros equipos que visitan la capital hidrocálida, iban prácticamente de locales por las simpatías de la afición—, se ponía de pie para increpar con furia a los futbolistas que fallaban y anunciaba con anticipación los movimientos en la cancha.

Esa subespecie femenina minoritaria se está multiplicando, por suerte para nosotros los seguidores masculinos, que podemos compartir nuestra afición con la novia y pasar el tiempo juntos disfrutando del balompié.

El jueves, justamente, en un bar muy simpático de Oaxaca, figuraban algunas chicas en las cuadrillas de seguidores del Cruz Azul que se citaron para mirar el partido contra las Águilas. Medio bestias, algunos de ellos —me tocó, en la mesa, un integrante de las “barras” que, entre otras lindezas, me dijo que a él le “gusta la violencia” y que se ha pasado la vida siguiendo a su equipo por toda la República—y, sin embargo, las chavas no parecían ni asustadas ni incómodas. Benditas aficionadas, oigan.

revueltas@mac.com

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