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Domingo , 24.06.2018 / 15:54 Hoy

Está ya muy claro: ganarán los que más dinero tengan

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Chivas quiere meterse a la pelea a punta de billetes. Y sí, esto, lo del futbol, se ha vuelto un tema de pesos y centavos por encima de todas las cosas. No hay ya romanticismo alguno en la competición ni ocurren gestas heroicas protagonizadas por el débil que vence sorpresivamente al poderoso, por el modesto que sube a la cima desafiando todos los pronósticos y todas las apuestas. Esos milagros podían acontecer en un pasado donde no tenía aún lugar esa desaforada comercialización de la práctica totalidad de las actividades humanas. Vamos, si ahora se pudiera cobrar por presenciar la erupción de un volcán entonces estaríamos hablando de que hasta la naturaleza se ha transformado en un producto negociable. Pero, ¿no se vende ya, como un privilegio que los comunes mortales ambicionan, el derecho a disfrutar en exclusiva de una playa —patrimonio de todos los ciudadanos, supuestamente— como si las costas de la nación fueran bienes particulares reservados a quienes pueden pagarlos? Lo dicho: el dinero impregna ya hasta los más recónditos espacios de este planeta: se ha infiltrado en el goce del tiempo libre, en la capacidad de contar con una buena formación educativa y hace falta tanto para esas necesidades básicas que no se satisfacen con los bolsillos vacíos como para otras extrañas urgencias, como las de esos consumidores que sacrifican su bienestar cotidiano para comprarse artículos de lujo y competir en la gran feria de apariencias en la que vivimos. Hay gente que no sale a votar —le incomoda, le parece un fastidio acudir adonde se encuentran las urnas— pero que es perfectamente capaz de pasarse toda una noche en la fila de la Mac Store para tener el último esmartófono. No es una condenación de la sociedad de mercado lo que escribo sino la simple consignación de una realidad tan visible como comprobable. Y, el mundo del futbol no es en lo absoluto ajeno a este fenómeno universal. Ustedes se habrán enterado de que la desigualdad económica se ha acrecentado brutalmente en los últimos decenios. Pues, eso ya lo estamos viendo también en el balompié: ganan los equipos ricos. Punto. Son los que pueden pagar cifras astronómicas por los jugadores y beneficiarse, encima, de fabulosos contratos publicitarios.

De ahora en adelante, los equipos tradicionalmente “grandes” irán perdiendo su antigua majestad al paso en que se impongan los nuevos acaudalados. En nuestro horizonte, figuran Tigres y Rayados. Chivas pretende sumarse a la pequeña cofradía de pudientes. Ya veremos si puede.

revueltas@mac.com

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