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Sábado , 21.07.2018 / 07:02 Hoy

Columna de Román Munguía Huato

Más leña al fuego…

Román Munguía Huato

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El gasolinazo de Peña Nieto atiza la lumbre económica y política provocada por las reformas estructurales neoliberales, especialmente la Reforma Energética. El "regalazo" de año nuevo del presidente a los mexicanos es el incremento del precio del combustible entre 16 y 20 por ciento a partir de este primero de enero. Los objetivos de tal reforma es que "garantizará el abasto, a precios competitivos, de energéticos como el petróleo, la luz y el gas natural. Modernizará este importante sector para detonar inversión, crecimiento económico y creación de empleos". Pero ¿A quiénes benefician los "precios competitivos"? ¿Modernizar este sector que dejó de ser estratégico y en los hechos se desmantela aceleradamente acorde con el FMI? Dejemos de lado el cinismo de la tecnoburocracia neoliberal como la del secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, quien hace días afirmó que el alza en el precio de las gasolinas que entrará en vigor es un hecho con el que "ganan nuestros hijos", al no desperdiciar la riqueza petrolera, sino utilizarla para invertir y dar apoyo a quienes más lo necesitan. Para Meade la gasolina es un bien importante que consume, sobre todo, los que más recursos económicos poseen. Estulticias aparte, la cuestión no es tanto quienes y cuanto consumen gasolina, sino el impacto inflacionario generado por el incremento del precio del combustible. Pero ¿acaso los gobiernos federales no han venido dilapidando esta riqueza desde hace muchas décadas? López Portillo en plena petrolización de la economía nacional dijo cínicamente que "Tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia", y desde entonces la corrupción gubernamental ha venido aumentando junto con el despilfarro petrolero: una elite política saqueando impune y permanentemente la riqueza nacional más importante, incluidos los corruptísimos charros sindicales petroleros como Carlos Romero Deschamps, actual senador priista.

México en llamas por el incendiario de Peña Nieto arrojando fuego en la pradera seca, pues el hartazgo popular de la terrible crisis general está en sus límites. Claro, desde la cima del poder político se piensa ingenuamente que no habrá fuerte resistencia de la población, apenas algunas cuantas protestas y pataleos, no más. Pero el hecho es que esto apenas inicia y ciertamente nadie sabe hasta donde pueda llegar el enojo justificado de la ciudadanía afectada por estas acciones perversas en contra de la economía familiar precaria detonando una inflación galopante con todas las implicaciones y consecuencias funestas para el grueso de la población. En su primer pronunciamiento público sobre el incremento al precio del combustible Peña Nieto afirmó ayer reconociendo que "es una medida dolorosa y que ningún gobierno quisiera tomar, pero considero que era inevitable para preservar la estabilidad económica del país. Subrayó que la decisión no es consecuencia ni de la reforma energética ni de la hacendaria, sino se desprende del incremento internacional en el precio de los hidrocarburos. Dijo compartir y entender la "molestia y el enojo" que esta decisión ha provocado en muchos sectores sociales, pero que fue una acción difícil de adoptar "y que nadie hubiera querido que se tomara. No es para el gobierno una decisión fácil de adoptar". Apeló a la comprensión de la sociedad para entenderla pues, dijo, de no haberse adoptado las consecuencias hubieran sido aún más dolorosas para el país. Como sea, la decisión gubernamental no consideró las terribles consecuencias para la mayoría de los mexicanos. Pero ¿A cuál "estabilidad económica" se refiere Peña Nieto, ¿A la estabilidad de la profunda crisis económica? Porque la "estabilidad macroeconómica" ha servido para un carajo. Peña Nieto trata de justificar lo injustificable y según él debe ser la sociedad la que comprenda esta acción y no el gobierno el que debe comprender a la sociedad, la cual, en su mayoría, está muy golpeada por la crisis económica, el desempleo, la pobreza, la hiperviolencia social y demás catástrofes. Pidió a la población escuchar las razones que diversos miembros del gabinete han expresado para explicar la determinación; pero el gobierno nunca ha escuchado al pueblo: "ni los veo ni los oigo", parece decir al igual que su correligionario expresidente Salinas de Gortari. El "combate a la inflación", se ha derrumbado estrepitosamente durante los años de Peña Nieto.

El Colectivo de Reflexión Universitaria [CRU–UdeG] se ha pronunciado: "No nos engañemos... La razón, esgrime el gobierno [sobre el incremento del precio de la gasolina], es la liberalización del mercado; es decir, ya no habrá un importe único fijado por el gobierno, sino que lo llevarán a cabo las empresas privadas de acuerdo a la famosa ley de la oferta y la demanda. La industria energética representó una clausula principal de los convenios con el FMI. Se liberará, pues, el precio de los combustibles, como sabemos, uno de los puntos claves de la reforma energética aprobada por la mayoría de los partidos políticos en 2013. Esta reforma energética no es más que el fruto de la política neoliberal que los últimos gobiernos han seguido desde hace más de tres décadas y que, con Enrique Peña Nieto se consolida este modelo económico gracias al vergonzoso y servil desempeño de la clase política en el poder así como de sus múltiples reformas estructurales signadas en el Pacto por México en 2012. A su vez, hoy el Frente Amplio en Contra la Privatización de la Industria Energética anuncia sumarse a las legítimas protestas contra el gasolinazo e invita a la marcha del sábado próximo a las 10 horas en La Minerva.

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