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Miércoles , 19.09.2018 / 03:17 Hoy

Columna de Román Munguía Huato

Corrupción y caos urbanístico

Román Munguía Huato

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La metrópolis capitalista: un caos en movimiento. El gran poeta –más allá de ciertos pensadores sociales contemporáneos suyos– quien supo descifrar aspectos esenciales de la vida de la gran ciudad moderna fue Charles Baudelaire. Esto lo analiza magistralmente Marshall Berman en su ya conocido y clásico libro Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad [1988]. Dice Baudelaire: «Cruzaba el bulevar corriendo, en medio de un caos en movimiento, con la muerte galopando hacia mí por todos lados». Baudelaire se refería al gran París decimonónico. «El hombre moderno arquetípico, tal como lo vemos aquí –dice Berman– es un peatón lanzado a la vorágine del tráfico de una ciudad moderna, un hombre solo que lucha con un conglomerado de masa y energía que es pesado, rápido y letal. El incipiente tráfico de la calle y el bulevar, no conoce límites espaciales o temporales, inunda todos los espacios urbanos, impone su ritmo al tiempo de cada cual, transforma la totalidad del entorno moderno en un “caos en movimiento”. El caos, en este caso, no reside en los que se mueven ––los conductores o paseantes individuales, cada uno de los cuales puede estar siguiendo la ruta más eficaz para sí–– sino en su interacción, en la totalidad de sus movimientos en un espacio común. Esto hace del bulevar un símbolo perfecto de las contradicciones internas del capitalismo: la racionalidad de cada una de las unidades capitalistas individuales conduce a la irracionalidad anárquica del sistema social que reúne todas estas unidades».

En efecto, vista así la ciudad moderna capitalista, es todo un caos en movimiento, cuya dinámica expansiva es a la vez racional e irracional, donde esto último es la determinación dialéctica imperante. Guadalajara, como metrópolis no escapa a tal condición de racionalidad e irracionalidad. La ciudad del capital es caótica en su propia naturaleza histórica y social. Sin embargo, hay ciudades cuyo desarrollo histórico moderno obedece, a partir de cierto momento, a una lógica económica determinada por el mercado capitalista. La ciudad es hechura del capital y la aceleración del caos es impulsada por el neoliberalismo. Guadalajara también es ejemplo notable de tal proceso, con todas sus contradicciones y conflictos sociales por doquier. Pero la ciudad también es hecha históricamente a imagen y semejanza de sus clases dominantes. Hoy día, la oligarquía local ha hecho de esta ciudad un territorio absolutamente caótico, sin proyecto, donde impera la ley de la selva, del más fuerte económica y políticamente. Si queremos explicar cabalmente su proceso metropolitano también tenemos que analizar la fuerza incontenible de la corrupción urbanística. Desde hace décadas hay miles de planes y programas de ordenamiento y desarrollo urbano; planes parciales y generales de su desarrollo. Hay de todo: consejos urbanos, grandotes, medianos y pequeños –institutos de planeación y demás monsergas burocráticas de vitrina– pero todos, todos, son absolutamente inoperantes porque la lógica del capital impone férreamente su dinámica. Con el capitalismo salvaje no puede haber ninguna planificación urbana-metropolitana. Es el capital en su conjunto, en particular el capital inmobiliario, el verdadero planificador del desarrollo urbano. No es la planificación la que planea el capitalismo, sino que es el capitalismo el que planea la planificación metropolitana. El mercado, en este caso el mercado inmobiliario, no acepta la injerencia democrática ciudadana dentro de lo que es eminentemente un proceso de intercambio mercantil cuyas leyes de mercado rigen férreamente el proceso de valorización del capital e ignoran aquellos intereses sociales que no encajan dentro de su esfera económica. La ausencia de verdaderas políticas planificatorias urbanas es en realidad una forma de hacer política neoliberal que ha derivado en una profunda crisis metropolitana.

Acerca de la frase de que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, Ernst Mandel en su libro El poder y el dinero [1994] decía que: «…hemos visto las múltiples ligas de las altas capas de la burocracia con la burguesía, sus intereses, valores, mentalidades, ideología y prejuicios. Más importante, sin embargo, es su inserción en la sociedad burguesa tal y como funciona realmente, bajo el dominio de la riqueza y el poder del dinero… en la época del capitalismo, no puede haber poder absoluto, pues, en último análisis, la riqueza y el dinero dominan. La gran riqueza corrompe tanto como el gran poder, sino es que más. Grandes cantidades de dinero producen un gran poder y por tanto corrompen absolutamente. Se puede eliminar el poder casi absoluto solamente si se eliminan tanto el estado fuerte como la gran riqueza del dinero».

Debemos considerar esto para poder entender la honda corrupción urbanística en el desarrollo metropolitano de Guadalajara. El poder del capital inmobiliario está íntimamente asociado a tan flagrante corrupción, y a ello se han prestado todo tipo de autoridades gubernamentales, incluidas aquellas que supuestamente deben vigilar su normatividad jurídica. Dentro de este marco institucional la Procuraduría de Desarrollo Urbano del Estado de Jalisco podría ser relevante, pero sin atribuciones importantes decisivas es estéril en muchos de sus objetivos loables; sin embargo, hace tiempo está inmersa visiblemente en la corrupción urbanística; el reciente nombramiento ilegal e ilegítimo de Trinidad Padilla López contribuirá a este caos en movimiento con su corrupción flagrante. La Comisión de Desarrollo Urbano que presidió el exdiputado en el Congreso local fue una nulidad. El poder caciquil universitario penetra rápido por todos los poros políticos, al igual que la acelerada urbanización en su dinámica caótica.

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