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Lunes , 22.10.2018 / 22:43 Hoy

Columna de Román Munguía Huato

¡Ayotzinapa vive...

Román Munguía Huato

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La lucha sigue, sigue y sigue! En este lugar uno se siente sereno y seguro. Es agradable y apacible, está arbolado y mientras estemos bajo la sombra de un árbol sentimos la frescura de la ventolera que nos abraza por todos lados; pero saliendo del manto protector arbóreo el sol es calcinante e inclemente. Las edificaciones son austeras y aunque algunas requieren de un mantenimiento más constante son dignas como espacios educativos y sus instalaciones para actividades propias de una escuela normal; por lo demás, la dignidad de un espacio construido, cual sea, lo confiere quien o quienes lo usan y habitan como son los jóvenes estudiantes, sencillos y humildes por su extracción social pero con un temple político y moral que uno quisiera ver en todos nuestros muchachos de cualquier localidad del país. La dignidad del México profundo se percibe a flor de piel; es la dignidad rebelde del México indómito juvenil y su esperanza por un mundo donde reine la armonía y la vida sea bella.

Muy cerca de Tixtla de Guerrero –hoy una ciudad mediana; en 1782 fue cuna del revolucionario insurgente Vicente Guerrero, y en 1834 de Ignacio Manuel Altamirano, político liberal, maestro y periodista– se encuentra Ayotzinapa, una localidad donde se ubica la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. La escuela fue fundada en 1926 Tixtla en una primera etapa por el profesor Rodolfo A. Bonilla, y en 1933, en la que fue hacienda de Ayotzinapa, el profesor Raúl Isidro Burgos termina la primera edificación. La escuela empieza a funcionar como secundaria y normal con un internado mixto. En 1934 el presidente Lázaro Cárdenas consolida el proyecto de las normales rurales y de la educación socialista y en 1935 nace la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México [FECSM] que todavía existe y es la organización más antigua del país, cuyo lema es: “¡Por la liberación de la juventud y la clase explotada!”. La FECSM considera que la educación es una vía para lograr una sociedad realmente justa. A tal ideario progresista se le opone todo el conservadurismo y ultraconservadurismo político-empresarial oligárquico local y extranjero. Empezando por la derechista organización empresarial “Mexicanos Primero”, al mando de la SEP, que trata de liquidar el espíritu racionalista y emancipador de la educación pública, gratuita y laica, defendida por el pueblo trabajador. El rechazo político de los gobiernos priistas proclives a la derecha contra el proyecto educativo “socialista” cardenista y las normales rurales inició desde 1940 con Ávila Camacho, pero con Peña Nieto la embestida es más fuerte para imponer gradualmente un proceso privatizador neoliberal. Detrás de las negras intenciones de la funesta noche de Iguala se encuentra el odio clasista contra la educación pública como acción cultural de cambio social. Podemos estar de acuerdo o no con ciertas posturas ideológicas y prácticas de la FECSM, pero nunca caer en el juego de las provocaciones delirantes del poder y del dinero de criminalizar a los estudiantes normalistas rurales de todo el país y sus justas demandas educativas y políticas. Desde el poder político y económico se considera tendenciosa y malévolamente a Ayotzinapa como escuela de guerrilleros pues en ella estudió Lucio Cabañas Barrientos; pero de ahí a que en ella se preparen grupos de lucha armada revolucionaria hay muchísima distancia. Los economistas tecnócratas neoliberales educados y formados en la Escuela de Chicago [Chicago Boys] si han causado muchos daños fatales a la población trabajadora mexicana. Quienes sí estudian acciones armadas de contrainsurgencia en los Estados Unidos han sido y son elementos de la milicia mexicana. Ramón Espinosa Contreras, doctor en ciencias sociales y políticas, quien fue estudiante de esta escuela afirma: “Los planes y programas de estudio los elaboraba la SEP… en las escuelas normales no existía ninguna materia relacionada con el socialismo o marxismo… Por esta razón, en las normales rurales no se forman marxistas o guerrilleros, esto es totalmente falso, aunque lo digan hoy los epígonos del Estado que tratan de criminalizarlas por todos los medios. Se formaban los estudiantes, fuera de ellas, en la praxis política como marxistas o los que optaban por la guerrilla…” [La noche de Iguala y el despertar de México. Manuel Aguilar Mora y Claudio Albertani, coordinadores. Página 147, Juan Pablos Editor].

El sábado pasado, en el patio central de esta escuela, a pleno sol, se inauguró la muestra fotográfica internacional en solidaridad con los ausentes de Ayotzinapa. El artista visual argentino Marcelo Brodsky recopiló 52 imágenes que expone la colaboración de 16 países, y convocó a los padres de los 43 estudiantes a continuar en su lucha y les recordó: “en mi país, a los militares [culpables de decenas de miles de asesinados y desaparecidos] los pudimos llevar al banquillo de los acusados”. Después se realizó la Asamblea Nacional Popular presidida por los padres de los 43 jóvenes desaparecidos. Con la participación de más de cien delegados de diversas organizaciones sociales y sindicatos como la CNTE, el STRM [telefonistas] y el SME, alumnos de varias escuelas normales rurales, se dio la bienvenida por Emiliano Navarrete padre de José Ángel, joven desaparecido forzosamente por el estado. Al finalizar la asamblea, Blanca Sánchez, directora de Juan Pablos Editor, junto con Manuel Aguilar Mora y Claudio Albertani, y otros autores, donaron ejemplares del citado libro a los padres y madres de los 43 desaparecidos, a la biblioteca de la escuela y a los asistentes.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

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