• Regístrate
Estás leyendo: Intercesión
Comparte esta noticia

Columna de Rogelio Villareal

Intercesión

Rogelio Villarreal

Publicidad
Publicidad

Uno es periodista y el otro comunicador, muy preparados los dos, profesionales y con muchos años de experiencia. El primero es especialista en temas ambientales, y varios de sus reportajes e investigaciones –sólidos, críticos, pródigos en datos duros– han recibido premios y reconocimientos importantes. El otro es un gran innovador de la radio, con una vasta audiencia juvenil y un innegable poder de convocatoria, creador de un estilo de locución desparpajado, claridoso y con un envidiable sentido de la oportunidad. Los dos publican en el diario hermano Milenio Jalisco, a los dos los he invitado a mis clases de periodismo y discurso oral y escrito en el Iteso –con una entusiasta recepción entre los estudiantes– y, debo decirlo, los dos son buenos amigos míos.

Sería muy difícil descalificar a cualquiera de ese par singular. Ni siquiera entre ellos pudieron hacerlo, aunque lo intentaron en uno de los interminables pleitos que pueden atestiguarse a cada segundo en Twitter y Facebook. Si menciono que son mis amigos es porque hace unos días intercambiaron belicosos e intransigentes comentarios en esta última red social y decidí no intervenir ni ponerle like a ninguno. (Miren quién lo dice, alguien que es capaz de buscarse enemigos hasta en las dedicatorias de sus libros, como dice Eduardo Huchín Sosa en el prólogo a ¿Qué hace usted en un libro como éste?).

El tema de la discordia fue el pasado Festival 212, en la céntrica avenida Chapultepec de la ciudad de Guadalajara, que organiza Gonzalo Oliveros, coordinador de la estación radiofónica RMX, y que convoca cada año a miles de jóvenes para escuchar durante unas horas a grupos de rock, pop y hasta cumbias –la mayoría locales, pero también de la República de Iztapalapa, como Los Ángeles Azules, o de Nueva York, como Julián Casablancas.

Agustín del Castillo cuestionó el festival con esta pregunta: “¿Por qué los hipsters que gobiernan no decidieron usar plaza Liberación en vez de imponernos sus gustos musicales a costa de nuestras calles y la calidad del aire que respiramos?”. No es necesario reproducir la retahíla de comentarios que propició la respuesta de Gonzalo al post de Agustín, ni la extensa respuesta de éste –cada quien en su muro.

Hubo argumentos de las dos partes, pero también descalificaciones y palabras de más. Una lectura desapasionada de las dos posiciones mostraría que en ambas hay algo de razón. La ciudad de Guadalajara arrastra graves y añejos problemas y es cada vez más conflictiva. Es una urbe violenta, contaminada, insegura y con pésimos servicios –un deplorable transporte público, entre otros–, gobernada ahora por un político soberbio y malencarado que detesta la crítica; pero, guste o no, es con él y con sus funcionarios con quienes hay que tratar para organizar en plazas y avenidas todas las ferias, verbenas, fiestas patronales, festivales y conciertos –sin olvidar los numerosos tianguis–, sobre todo si se efectúan en la vía pública. Hay que negociar con muchos actores, con autoridades, vecinos, comerciantes, y muchas veces no es fácil llegar a acuerdos que concilien los intereses de todo mundo. ¿Que ya hay muchas actividades públicas en Chapultepec? Es cierto, apenas la semana anterior al 212 hubo otro concierto del Festival Epicentro de Innovación en la glorieta de los Niños Héroes.

He asistido al Festival 212 durante varios años y, más allá de los diversos grupos musicales que se han presentado ahí, lo que más he valorado y lo que más me ha conmovido, de verdad, es la exultante convivencia de miles de jóvenes –muchos de ellos adolescentes– que encuentran en esa frondosa avenida un amplio espacio de seguridad, de fraternidad, de libertad y hasta de amor.

En una ciudad en la que un cardenal surgido de las cloacas de la Inquisición condena al averno a mujeres por imprudentes y a homosexuales por perversos, el hecho de ver esa cálida noche de noviembre a parejas de chicas y muchachos tomados de la mano, de parejas jóvenes con hijos pequeños caminando, brincando, bailando y cantando es algo que debe apreciarse en su justa medida. Sobre todo en un país descoyuntado donde cada día aumentan los crímenes de odio, los feminicidios, los robos; donde el presidente acusa de bullying a quienes señalan la negligencia de su gobierno, la escandalosa corrupción.

Es cierto que el festival no es monedita de oro y que a muchos les causa molestias, irritación. Por eso es muy necesaria la negociación. Con vecinos, con automovilistas, y prevenir, tomar todas las precauciones, escuchar a todos, pues la ciudad es para todos; en ese sentido debemos aprender a compartirla –sin olvidar nunca la exigencia a las autoridades de que desempeñen su trabajo con eficiencia.

Creo sinceramente que Agustín y Gonzalo sacarían mucho provecho si se leyeran, si se escucharan, si se entrevistaran. Son más las causas que los acercan que las diferencias. El enemigo está en otra parte.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.