• Regístrate
Estás leyendo: El escritor y el periodista
Comparte esta noticia
Domingo , 27.05.2018 / 14:38 Hoy

Columna de Rogelio Villareal

El escritor y el periodista

Rogelio Villarreal

Publicidad
Publicidad

El padre de Fiódor Dostoievski era un hombre estricto y a veces cruel, hasta que fue asesinado por campesinos que trabajaban en su propiedad rural. En el internado donde Fiódor estudiaba, contra su voluntad, se preguntaba: "¿Quién no ha deseado la muerte de su padre?", pero al saber del crimen la terrible idea lo llenó de remordimiento. Además de sus grandes obras, Dostoievski escribió cientos de artículos para revistas como Tiempo, El ciudadano y Diario de un escritor desde una "posición ideológica conservadora y rusófila", cuenta Paul Viejo en la monumental recopilación a la que tituló, justamente, Diario de un escritor (México: Páginas de Espuma, 2010). En "La cuestión hebrea", por ejemplo, arguye con lectores rusos cultos de origen judío sobre los prejuicios contra esa numerosa población en la Rusia zarista, frecuente blanco de sangrientos pogromos. El genio de la literatura rusa escribe que estos judíos intelectuales o comerciantes son demasiado susceptibles y desprecian al pueblo ruso. "No hay ningún odio preconcebido hacia los hebreos [...] sino una antipatía hacia él [...] que ocurre por otras causas, de las que es culpable no el pueblo autóctono, sino el mismo pueblo hebreo". En "Una vez más sobre que Constantinopla, antes o después, tiene que ser nuestra" defiende el derecho de Rusia a apoderarse del estratégico punto de encuentro de Europa y Asia en poder de los otomanos. Dostoievski es uno de los tantos modelos de escritores–columnistas de pluma afilada y presta a defender ideas e ideales, aun si éstos son un tanto perversos.

Novelistas y periodistas han suscrito las más dispares o veleidosas creencias o ideologías, seducidos por endriagos de la política y de la guerra, y no pocas veces se volvieron, como aquéllos, caricaturas esperpénticas —aunque los hay, desde luego, que defienden los valores de la democracia y la libertad—. Pound no ocultó su simpatía por Mussolini y Céline no tuvo reparos en identificarse con el nazismo, lo mismo que Vasconcelos ya en nuestra República, o Salazar Mallén, ese apestado de las letras que transitó penosamente del comunismo al fascismo. José Revueltas fue un comunista errático y Borges fustigó al peronismo y después se le acusó, al igual que a Sabato, de complacencia con el gorilato de Videla. Eduardo Galeano defendió el totalitarismo de Fidel Castro, Salvador Novo festejó la represión del movimiento de 1968 y Carlos Fuentes et al. plantearon un dilema risible: "Echeverría o el fascismo". Carlos Monsiváis fue un ferviente seguidor de López Obrador, a quien sólo le dedicó un mohín cuando un puñado de fanáticos del ex candidato presidencial bloquearon el Paseo de la Reforma.

Los límites del vasto territorio de la literatura se difuminan cada vez más. El escritor es ya un polígrafo todoterreno que cultiva diferentes géneros, entre ellos los del periodismo. Como todos los ciudadanos en un país que busca la democracia, el escritor-periodista tiene el derecho de expresar sus opiniones políticas y de manifestar sus simpatías, sus obsesiones, sus fobias, con una sola regla que debe respetar: la ética, el mayor apego a la verdad. Así lo dijo Miguel Ángel Granados Chapa: "Combata la ambigüedad: no insinúe, no exagere, no minimice. Elija una postura y defiéndala. Un juicio no depende de la complicidad del lector sino del apego a la verdad".


rogelio56@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.