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Lunes , 16.07.2018 / 02:40 Hoy

Columna de Rogelio Villareal

El dandi periodista

Rogelio Villarreal

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Nos cuenta don Jorge, un jurista retirado con el que compartimos el cuarto de vapor en el gimnasio donde nadamos, que el calor de su natal Tapachula a veces se parece al que se concentra entre esas cuatro sudorosas paredes. Lo bueno es que aquí estamos casi desnudos, dice, y hay una ducha de agua casi fría —nunca verdaderamente fría en esta época. Aunque hace muchos años que dejó de ir al lugar en que nació casi ocho décadas atrás, don Jorge a veces cuenta historias de la vieja Tapachula de Córdova y Ordóñez, llamada así en honor del libertador fray Matías, que proclamó la independencia de Chiapas el 28 de agosto de 1821, poco antes de la consumación de la independencia de la Nueva España. Tapachula proviene del náhuatl y significa algo así como "lugar de agua anegada", pero también, según él, podría ser "lugar de tunas dulces". Los primeros asentamientos fueron de aztecas y tribus mames y soconuscas y se desconoce la fecha exacta de la fundación de la ciudad por los españoles, aunque se cree que fue entre 1590 y 1600, de acuerdo con las memorias de fray Alonso Ponce, comisario general de la Orden Franciscana.

Una vez don Jorge nos contó esta historia. En Tapachula, en los años sesenta, había un tipo que se las daba de dandi y de periodista. Siempre bien vestido, con impecable traje de lino blanco, despotricaba contra los ricos y poderosos de la calurosa y pequeña ciudad chiapaneca y publicaba pasquines en los que señalaba con dedo flamígero a políticos y empresarios, flagelo del pueblo, explotadores, sinvergüenzas... decía a toda voz y además lo escribía en el diario local. Este personaje era también enamoradizo y acostumbraba galantear a las muchachas que buscaban la sombra de los portales del centro. A una de ellas, de buena y adinerada familia, consiguió enamorarla. Al poco tiempo se casaron e inmediatamente empezaron a darse la gran vida. Él se compró un Mercedes Benz blanco y viajaron a Europa en varias ocasiones. No faltaron los paisanos que le reprochaban, medio en broma medio en serio, su antigua y feroz aversión por los ricos y su "despreciable vida de molicie y maldad", como gustaba repetir a la menor oportunidad. El dandi y ex periodista respondía campechanamente —a pesar de ser chiapaneco— con una amplia sonrisa: "Mira tú, de tanto que los jodía, Dios me castigó, ¡me volvió rico!". Ah, pero la vida da muchas vueltas, continúa su relato el jurista en retiro, y sucedió que al cabo de pocos años la fortuna se les acabó. Cesaron los viajes y la buena vida y el albo Mercedes Benz tuvo que ser vendido al mejor postor. Sin perder el gusto por la elegancia y las prendas finas, el ex periodista caminaba una tarde por los portales, cabizbajo, evidentemente contrariado por su repentina mala suerte, cuando uno de sus antiguos críticos, un mulato particularmente sarcástico y dicharachero, le gritó con su acento casi caribeño desde un café atestado de contertulios: "¡Hey, mi amigo! Parece que Dios ya te está levantando el castigo!". Ante las estentóreas carcajadas de los paisanos, el pobre dandi no tuvo más remedio que escabullirse en sentido contrario.

Ah, pero muertos o vivos, hombres o mujeres, famosos o ilustres anónimos, de izquierda o de derecha, remata el jurista su relato, no son pocos los periodistas que se han distinguido por su afición al dinero y el poder. Conocí a muchos, nos confiesa, y ahí andaban siempre serviles detrás de diputados y gobernadores... Hablo de los años setenta, ochenta, pero en otra ocasión les cuento más de esto, dijo.

rogelio56@gmail.com

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