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Viernes , 22.06.2018 / 01:45 Hoy

Columna de Rogelio Villareal

El cineasta y el mito

Rogelio Villarreal

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Steven Soderbergh quiso “humanizar” a un semidiós contemporáneo en su película El Che, lográndolo sólo en parte. En una conferencia de prensa en Nueva York el cineasta confiesa: “Yo desconocía muchos detalles de la revolución cubana, no sabía nada de los demás grupos que peleaban contra el régimen de Batista (...) Me interesó mucho descubrir que era un hombre intransigente, cuadrado, tremendamente rígido y obstinado.

Hablando con un doctor que lo conoció, me comentó que había que quererlo mucho para poderlo soportar, era muy estricto con la disciplina, no había situación en la que hiciera a un lado por un momento la ideología, ni siquiera en sus relaciones personales cotidianas. (...) pero en su papel de líder, de comandante, se transformaba en un hombre duro, severo y sin humor (Naief Yehya, “Cuatro horas y media del Che Guevara”, Terra Magazine, 1-12-08).

Como tantos extranjeros del primer mundo que se fascinan con las turbulencias revolucionarias de la América Latina, Soderbergh también peca de ingenuo a pesar de reconocer que “no hay ni siquiera un lugar para mí ni para la gente como yo en la sociedad que el Che estaba tratando de construir. Yo creo que hubiera odiado ese mundo, pero puedo admirarlo como uno de los líderes políticos más interesantes del siglo pasado. Y creo que sus ideas siguen siendo fascinantes aún hoy”.

Ya Pablo Neruda y Julio Cortázar habían confesado que jamás vivirían en ese país al que tan apasionadamente defendían. Es cierto, apenas triunfó la revolución de los barbudos empezaron las detenciones, los fusilamientos y uno de los exilios más tumultuosos de la historia, si se tiene en cuenta el tamaño de la isla. Una isla que, a pesar de la corrupta dictadura de Batista, alcanzaba los más altos índices de alfabetismo, salud y alimentación, era “número uno en América Latina y quinta en el mundo en receptores de televisión per cápita” y además “tenía 58 periódicos de diferentes matices políticos y era la octava nación del mundo en cantidad de radioemisoras” (UN Statistical Yearbook 1957, UN Statistical Yearbook 2000).

Batista fue derrotado por un régimen aún más feroz que canceló la libertad y destruyó la economía, debido al ineficiente sistema agrario colectivo y a la creciente dependencia de la ex URSS (y no al embargo, como creen quienes van y vienen por Cuba).

¿Cuáles son las ideas que Soderbergh encuentra fascinantes? Lo más probable es que no haya leído El diario del Che en Bolivia (Siglo XXI, 1968) ni, por ejemplo, este apunte de sus Notas de viaje (La Habana, 1962): “Aullando como poseído, asaltaré barricadas o trincheras (...) Teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos (...) ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor de pólvora y de sangre, de muerte enemiga”. A sangre fría, el Che dio el tiro de gracia a cristianos y disidentes en la cárcel de La Cabaña en nombre del Hombre Nuevo —el cual se negó a nacer en la Cuba de Castro. El Estado socialista ha sido un fracaso estruendoso por culpa de la ineptitud de funcionarios como el propio Ernesto Guevara, autonombrado ministro de Economía, que en esa ciencia era un completo ignorante (véase el Mea Cuba de Guillermo Cabrera Infante). Asmático, homofóbico, intolerante, Guevara fue un fiero místico que murió por sus ideales, los que se materializaron en una asfixiante sociedad totalitaria y casi aislada del mundo.

rogelio56@gmail.com

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