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Domingo , 24.06.2018 / 11:01 Hoy

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Cultura, política e ideas

Rodrigo Ruy Arias

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Nos dice el teórico y analista búlgaro Tzvetan Todorov en su libro Nosotros y los otros: “Todos nosotros pertenecemos a comunidades que practican la misma lengua, habitan el mismo territorio, poseen una cierta memoria común, tienen las mismas costumbres (es en este sentido que los antropólogos emplean la palabra “cultura”, haciéndola así un sinónimo de “etnia” (Todorov, 1991).

Continúa: “Por lo que toca a la nación, ésta es una entidad a la vez, política y cultural”. Y: “El nacionalismo cultural, es decir, el apego a la propia cultura, es una vía que conduce hacia lo universal al profundizar la especificidad de lo particular dentro de lo cual se vive” (idem).

El poseer una identidad nacional y universalizarla es un principio que debería estar presente en cualquier política de estado.

El programa nacionalista del siglo pasado, enarbolado por la política cultural establecida por José Vasconcelos, trascendió gracias al genio creador de Diego Rivera, José Clemente Orozco en la pintura, Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y José Pablo Moncayo en la música.

“El amor hacia la humanidad no vale gran cosa si antes no hay amor por lo que tenemos cerca”, reitera Todorov. Y es que una política cultural que enaltece lo “foráneo” antes que lo propio, es una política que se aleja del ideal de construir una nación con valores “internos”, en donde se reconozca el trabajo cotidiano de sus pobladores.

El rescate de los valores culturales propios se vincula con la noción expuesta por Todorov en relación a la existencia de una “conciencia cultural nacional”.

México es un país de gente que trabaja y se prepara día a día para responder a las exigencias de un mundo cada vez más competitivo. En materia de arte, poseemos un lugar de privilegio. Nuestro país es admirado en el extranjero gracias al legado de grandes pintores, grabadores, cineastas, fotógrafos, escultores, bailarines, músicos, escritores.

México no es un país que cierre sus puertas a la influencia extranjera (imposible hablar en la actualidad de un purismo extremo), pero nuestra nación posee una envidiable identidad artística. En México hay nombres de gran prestigio. Desdeñarlos, o permitir a personajes externos –envestidos de un reconocimiento a veces incomprobable-, que ofendan a los artistas mexicanos, es una aberración que debemos combatir y erradicar.

En todo caso, hay que exigir atención a lo que tenemos y no cuidamos debidamente. El estado de Jalisco –compuesto por 125 municipios-, es un territorio con una riqueza singular. Impulsar su acervo cultural a través de una política certera, debería ser, antes de cualquier proyecto “fashion”, materia de primer orden.

leverkhun1@outlook.es

@AlterRuy

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