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Tiempo vivido

Laicidad y gratuidad

Rodolfo Esparza Cárdenas

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Son tiempos en que el sistema educativo nacional pone en marcha un nuevo ciclo escolar; los estudiantes que avanzan de nivel al subsistema superior, tienen grandes expectativas así cómo temores ante las nuevas exigencias académicas que invitan a su dedicación y esfuerzo. El estado ejerciendo su responsabilidad contenido en el Artículo 3º Constitucional y las leyes de educación federales y estatales reviven su quehacer ante dos principios de nuestra educación: la laicidad y la gratuidad que algunos expertos dicen que hoy están falsificados ante el disimulo de las autoridades educativas que tienen la responsabilidad operativa de vigilar su cumplimiento. 


A partir de 30 de noviembre de 2012, el DOF publicó decreto que reformó el Artículo 40 Constitucional; la modificación fue simple, se agregó la palabra laica cuando define las características de nuestra República; una sencilla consolidación de un proceso que tiene ya casi 200 años, rompiendo aquella herencia del virreinato en que había una identidad entre el Estado (Corona) y la Iglesia católica y éste era protector de ésta. Aclaremos que el Artículo 40 no refiere un estado laico; esta condición está contenida en la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en su artículo 25: “El Estado mexicano es laico. El mismo ejercerá su autoridad sobre toda manifestación religiosa individual o colectiva… “. No obstante con la reforma al Art. 3º hecha por Salinas, para ser congruente con el establecimiento de las relaciones con el Vaticano, abrió la rendija para que se enseñe religión y se practiquen acciones afines dentro de los centros escolares contradiciendo así la laicidad. Republicana. 


Lo mismo pasa con parte de la gratuidad que se manifiesta a través de los Libros de Texto Gratuitos, que vencieron las resistencias y manifestaciones públicas que organizó la Iglesia y la industria editorial en Guadalajara, Puebla y Monterrey. Hoy las escuelas particulares y muchas públicas exigen a padres de familia se compren textos adicionales, carísimos por cierto, y se convierten en principales y los de textos gratuitos pasan a segundo término. Esto es una práctica que se encuadra en la privatización y por tanto es contraria al espíritu gratuito de la educación. Urge se rectifique el camino y se cumpla la Constitución y las Leyes relativas. 



r_esparzac@yahoo.com.mx

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