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Tiempo vivido

El purgatorio

Rodolfo Esparza Cárdenas

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El purgatorio, herencia de las antiguas creencias respecto al doble destino: el paraíso y el infierno, se presentó en discusiones teológicas a fines del siglo XIII y cobró inusitado interés en el Concilio de Trento donde se acordó fuerte propagación de la idea de su existencia dado que implicaba una alternativa para la salvación de las almas recogidas antes del siglo XVI y siglos por venir. El control que la Iglesia tuvo sobre el proceso se apoyó en exhortaciones, advertencias y las penitencias; de su eficacia dependía el destino final de los feligreses.

Sin embargo, las tentaciones y los goces terrenales adelgazaron la religiosidad y por ende la observancia de los preceptos que garantizaban disfrutar del paraíso; para compensar sus actos, se mantuvieron las viejas prácticas de las ofrendas: tierras, dinero, edificaciones religiosas, cuando se era rico. Los pobres también los mantuvieron según sus posibilidades, ambos incluyendo a sus hijos entre sus mejores donativos, para que ayudaran a la misión del Dios e intercedieran por su salvación.

La introducción del purgatorium en los escenarios post mortem exigió la interiorización del sentimiento religioso a través de la contrición. Si antes de morir los pecadores se arrepintieran sinceramente y quedaran sólo pecados menores se abría la posibilidad del purgatorio donde igual se sufrirían penas infernales infligidas por demonios, pero no en perpetum, pues al paso de un tiempo, dependiendo de los pecados y de la ayuda recibida de los vivos, el paraíso sería el destino indefectible.

Por lo mandatado en el Concilio de Trento, la creencia en el purgatorio se había generalizado en América en el primer tercio del siglo XVII; para entonces, la mayoría de los novohispanos creía irremediable pasar un tiempo entre las ánimas del purgatorio. El hecho les infundió gran temor el cual se acrecentaba con la incertidumbre de no saber cuánto podría permanecer su alma en pena.

Mas la Iglesia ofreció las vías para reducir el tiempo en el purgatorio, ideando recursos como la indulgencia y los sufragios. Las indulgencias, gracias espirituales, las otorgaba el Papa, con ellas se reducía el paso por el purgatorio de quienes las poseyeran; los sufragios se referían a las acciones que los vivos realizaban como auxilio espiritual a las almas de los difuntos: oraciones, limosnas, obras piadosas, penitencias y misas. De la serie de acciones señaladas, la misa fue, como lo es hoy en día, el sufragio por excelencia, el que más complacía a Dios. No se preocupen, hace años la Iglesia canceló al purgatorio.


r_esparzac@yahoo.com.mx

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