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Sábado , 20.10.2018 / 11:22 Hoy

Tiempo vivido

Cultura para todos

Rodolfo Esparza Cárdenas

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He considerado que una de las tareas más arduas para las instituciones públicas es la promoción de la cultura, entendida comúnmente como la acción en torno a las bellas artes, pero no como privativa de determinados sectores o grupos que se denotan minoritarios, sino como el derecho de las mayorías lo que implicaría una oferta abierta, masiva lo cual depende de múltiples factores y circunstancias difíciles de coordinar, de orientar y más de concretar con efectos trascendentes.

Quizá lo primero es la falta de claridad y consistencia de políticas de largo plazo compartidas por los tres niveles de gobierno, quedando sujetas a las simpatías de las autoridades en turno para las acciones encaminadas a la iniciación artística de la población preferente joven.

Generalmente en la jerarquía de objetivos bajo su responsabilidad derivados del Artículo 115 Constitucional, los relacionados con la cultura quedan en segundo plano, lo cual se puede comprobar tanto en los presupuestos como en la infraestructura con que se cuenta, lo cual refleja la falta de continuidad y el grado de improvisación a que están sujetas las tareas en esta área.

Cuando bien nos va encontramos proyectos dispersos, discontinuos que se integran por presión de grupos de la sociedad civil, generalmente antagónicos entre sí y con iniciativas más encaminadas a obtener apoyos para consolidar sus propuestas particulares que no contemplan todo el espectro, es decir, desde las tareas de iniciación, pasando por la formación en todos sus niveles hasta la profesionalización.

Se cancela con ello su integración formal a proyectos diseñados para cumplirse simultáneamente en poblaciones determinadas con actividades de competencia y demostración de los logros obtenidos.

A lo anterior, entre otras cosas, habría que agregar la tendencia a la organización de eventos masivos que por su naturaleza buscan solamente la diversión y no implican conexión con programas de formación existentes en la comunidad o con propuestas emergentes.

Se valen desde luego, sólo se objeta el costo de éstos contra el beneficio real en pro de la formación cultural de la población y se cuestiona si este beneficio no sería mayor si se aplicaran tales recursos a formar centros culturales comunitarios y a consolidar plantas docentes con sus respectivos programas de capacitación y actualización hasta conformar una estructura con metas permanentes de cobertura en la transformación espiritual que representa para la población entrar en contacto con los procesos de las artes en general.


r_esparzac@yahoo.com.mx

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