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Miércoles , 17.10.2018 / 00:46 Hoy

Tiempo vivido

Criminales de la naturaleza

Rodolfo Esparza Cárdenas

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Hace unos días, Salvador Hernández Vélez, Rector de la UAdeC, circuló en redes un video donde se observaba a una tortuga bisagra moverse y nadar en una de las pozas, tesoros naturales del valle de Cuatrociénegas; se trataba de hacer conciencia que la referida especie estaba en proceso de extinción debido a la sobre explotación de los mantos acuíferos del valle y la modificación del ecosistema que tardó millones de años en construirse. 


Por mucho tiempo este ecosistema estuvo equilibrado por el poco gasto de agua que hacían los habitantes de esa parte del municipio que incluye una serie de pozas (cuerpos de agua) de poca profundidad que sin embargo contienen vida animal y vegetal endémica de gran importancia para el estudio de la tierra y de la evolución de estos sistemas, ofreciendo además un paisaje hermoso y único en el mundo. 


Pero ocurrió, que la demanda de forrajes para alimentar las vacas de la Laguna, de las más importantes cuencas lecheras de América Latina, motivó la ocurrencia ante el costo que significa extraer agua a grandes profundidades por el abatimiento histórico de los mantos acuíferos también formado en millones de años por los Ríos Nazas y Aguanaval, de ir a producir forrajes en aquel valle. 


Corrompiendo a las autoridades federales, estatales y municipales, los intereses de los ganaderos lograron se permitiera la extracción de agua para producir estos forrajes a sabiendas del daño que ocasionaría la explotación del agua en esa región. Y digo a sabiendas porque recuerdo que hubo voces de protesta, de científicos, universidades y ciudadanos; los ambientalistas se movilizaron y muchos participamos reprobando tal acción. 


Pero como siempre, el poder del dinero se impuso, y ahora es recurrente ver en la carretera camiones transportando dichos forrajes, anunciando también que cada cargamento contribuye a la muerte de aquel acuífero, a cambio de enriquecer a unos cuantos bolsillos. 


Ahora que ya está de manifiesto el daño anunciado por los ambientalistas en el tiempo en que se autorizó ese crimen contra la naturaleza, vuelve a encenderse la alarma. Aquí ya estamos sufriendo las consecuencias extrayendo agua con arsénico y ni aún así para la sobreexplotación. 


Es tiempo de que cerremos filas, demostremos que la ciudadanía es más fuerte que el dinero. 


Paremos el crimen. 



r_esparzac@yahoo.com

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