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Miércoles , 20.06.2018 / 13:03 Hoy

Tiempo vivido

Amor, ética y pasión

Rodolfo Esparza Cárdenas

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Temas demasiados complejos, que quizá por el gobierno del pragmatismo mal entendido, tiene postrada a la sociedad en varios ámbitos, y en estado crítico. Sin embargo, no hay actividad humana que puede prescindir de su contenido si en el fondo fuera afán y tarea personal y social pulir nuestra humanidad. Eros y Thanatos, o sus equivalentes romanos: Cupido y Somnus, que son en cierto sentido opuestos en tanto el primero se asocia a la vida, la sexualidad, al amor, y el segundo a la muerte, sin violencia por cierto; al sueño: hipnos, en su aposento, la cueva obscura, cercana a la casa de Nix: la noche, bajo la cual fluye el río del olvido, estuvieron muy activos ayer, y quizá cobran todavía el costo de su lucha, en muchos de nosotros.Por la grave deficiencia en la formación ética de hoy en día, y ese pragmatismo que acelera la vida sin dar tiempo a la toma de conciencia de nuestras acciones, debilitándolas en su trascendencia, haciéndolas ligeras, desechables, sin asunción de responsabilidad ante ellas, es que tenemos en las manos graves problemas sociales. Deficiencias educativas que nos hace confundir a Eros con Tánatos, y en tal confusión, lamentablemente gana el segundo a juzgar por los resultados. La sexualidad, por ejemplo, está presente siempre, cruza cada acto de la vida familiar, la aprendemos, a veces sutil a veces grotescamente en nuestras relaciones objetales, es decir, de cómo la viven y trasmiten nuestros padres. La sexualidad está vigente en la escuela, en el trabajo, y al igual que los valores, no se aprende en cursos, ni con lecciones escolares, ni sermones, sino en el acontecer de la vida, en cada acto privado o público; por eso, y totalmente de acuerdo con lo que leí hace poco: la ética está al servicio de la madurez y de la sinceridad de la conciencia humana.Es la base para indagar, explicar y comprender qué está en la profundidad de los embarazos, del alcoholismo y drogadicción en edades tan tempranas; en la lección que dan a sus hijos, quienes viven o compran mansiones, carros, lujos, cuando tienen sueldos incompatibles con tales posibilidades. En el fingimiento y la ausencia de pasión en la entrega amorosa, en la solidaridad, en el cumplimiento del deber; en la simulación ante la evidencia, incluso prueba familiar e institucional, de lo que fomenta la proclividad a la corrupción, la soberbia, la falta de lealtad, el abandono. Si ayer se detuvo un poco, antes de dar rienda suelta al instinto del placer, felicidades, si no, aún es tiempo de valorar las ganancias verdaderas de su actuación a favor de su propia humanidad.


r_esparzac@yahoo.com.mx

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