• Regístrate
Estás leyendo: Patria
Comparte esta noticia
Miércoles , 19.09.2018 / 12:43 Hoy

Columna de Roberto Castelán Rueda

Patria

Roberto Castelán Rueda

Publicidad
Publicidad

Corría la gaviota desesperada por toda el ala derecha de su blanca y gran mansión. Se frotaba las manos y se hacía y deshacía su característico chongo. Sabía, no porque tuviera poderes de adivina, simplemente sabía que en sus manos estaba el futuro de la nueva patria.

La conspiración había sido descubierta y debía dar aviso para que el grito de insurrección fuera pospuesto. Desesperada, se quitó una de sus zapatillas recién compradas en su último ¿O antepenúltimo?, viaje a Italia. Sin importarle el precio que había pagado por aquel calzado de diseño original, se decidió a desbaratarle el tacón contra la puerta y el piso hasta que alguien la oyera. La patria vale más que unos buenos zapatos, dijo para sí misma pero en voz alta, presintiendo que el micrófono de la grabadora de la historia estaba encendido.

Ayuda, ayuda, gritaba a todo pulmón recordando sus mejores tiempos de actriz dramática. Que alguien venga rápido, tengo un importante mensaje que transmitirle al presidente de España. Tengo que decirle que nuestros planes fueron descubiertos.

Ay mamá, dijo una de sus hijas que llegó modorra y extrañada por el escándalo ¿Qué no era el presidente de Francia? ¿No es por él por el que tu marido te tiene aquí encerrada? Además ¿No es más fácil que uses el celular en lugar de estar pegando semejantes gritos?

Déjate de insolencias, niña, le gritó enérgica. Una aquí tratando de pasar a la historia y tú sales con tus acostumbradas frivolidades. Anda, corre y dile ¿o era anda y ve?, bueno, como sea, tienes que ir a donde el General Higa y le dices que la verdad histórica ha sido descubierta. Anda, agarra tu caballo, sí, el porsche -¿cuál otro?- y corre veloz a llevar este mensaje que cambiará la historia patria.

Varias horas después, con la indumentaria apropiada, la joven salió a llevar aquel importante mensaje de libertad. Llegó a Palacio y ahí se encontró al Presidente, al General Higa, al General OHL y al General PGR, conspirando para ver cómo le sembraban una pistola al abogado de una empresa enemiga de los intereses nacionales.

Sin pensarlo dos veces, además era algo que no se le daba, la joven transmitió con voz agitada, el importante mensaje a los conjurados: un grupo de expertos extranjeros acaban de desmontar la verdad histórica, la patria corre un verdadero peligro.

Apurados, todos salieron al balcón del palacio y el Presidente con voz firme gritó: mejicanos ¡Higa Méjico!

Y se fueron a coger… gachupines.

roberto.castelan.rueda@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.