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Martes , 13.11.2018 / 01:11 Hoy

Perdón, pero...

Zapata no era de la prensa ‘fifí’

Roberto Blancarte

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Es muy mala señal que los medios de comunicación y los medios impresos en particular tengan que estar defendiendo la libertad de expresión y la libertad de prensa. Significa que algo no está bien y que las amenazas a estas libertades se han venido acrecentando. Que estas amenazas vengan de quien muy pronto va a presidir el gobierno federal, y de sus incondicionales, es todavía más grave, pues significa que quien debería ser el principal defensor de dichas libertades está abriendo la puerta para que muchos consideren legítimo acallar a sus críticos. Si uno no puede decir lo que piensa, porque cree fundadamente que puede ser perseguido o agredido por ello, sea por alguien del propio gobierno o por cualquiera de sus esbirros, son malos tiempos pues comienza la autocensura. No suelo usar estos adjetivos, pero históricamente esto ha sido la antesala del fascismo y de gobiernos totalitarios, o cuando menos autoritarios. Y sin embargo, ante las barbaridades que se nos presentan cotidianamente, esto que me parece un gravísimo ataque a una libertad fundamental de nuestra democracia simple y sencillamente pasa casi desapercibido. Ya nadie se escandaliza.

Dice López Obrador que la prensa fifí se dedicó a “quemar incienso al régimen arbitrario y corrupto” anterior. También dice que es golpista y su mejor ejemplo es lo que pasó en la Presidencia de Francisco I. Madero. Lo cree profundamente. Por eso ve conspiraciones por todos lados y no soporta la crítica. Él sí puede atacar, insultar, vilipendiar. Pero cuando alguien lo critica, entonces es un vendepatrias, un traidor, un miembro de la mafia del poder, y ahora un golpista. López Obrador sabe muy poco de historia y no es un demócrata. Para su información, el presidente Madero cometió muchos errores en su gestión y es normal que muchos lo criticaran. Aún más la prensa conservadora. Pero eso también es normal, en un régimen democrático, como el que estaba inaugurando el prócer surgido de la oligarquía. En la prensa y fuera de ella, hubo muchos que más bien lo criticaban porque no hacía las reformas necesarias. Emiliano Zapata (y no fue el único) se levantó en armas contra él y no era de la prensa fifí. ¿Contribuyó a la caída de Madero? Pues sí, aunque no tenía nada que ver con Huerta, al que había combatido.

López Obrador, sin embargo, desconoce estos matices. Para él, el mundo se divide en dos, blanco y negro, a mi favor o en mi contra. No hay nada en medio. Y como no es un demócrata, no sabe lo que es la libertad de expresión y la libertad de prensa. No le importa que sus ataques a lo que él llama la prensa fifí (en abstracto) puedan dañar instituciones, personas o al propio sistema democrático. En el fondo no cree en éste, pues en su ignorancia, lo considera parte del neoliberalismo. De la misma manera que otros, como Trump, atacan a los medios que les señalan sus errores y atizan el odio contra ellos. Tiene la piel demasiado fina para un puesto que requiere de mucha templanza.

El problema va más allá de AMLO. Atrás de él van sus corifeos que repiten y hacen repetir las mentiras y los ataques a los medios, generando condiciones para acabar con la crítica. Nada bueno saldrá de esto.

roberto.blancarte@milenio.com

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