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Lunes , 12.11.2018 / 20:01 Hoy

Perdón, pero...

Virtudes y defectos de la autocracia

Roberto Blancarte

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¿Por qué lo que hace López Obrador es malo para algunos y bueno para otros? Quizás la respuesta nos la puede dar Wikipedia, a partir de lo que nos dice del concepto de autocracia, basándose en Paul M. Johnson, Autocracy: A Glossary of Political Economy Terms:

“Una autocracia (del griego «autokrateia») es un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura cuyas acciones y decisiones no están sujetas ni a restricciones legales externas ni a mecanismos regulativos de control popular (excepto quizás por la amenaza implícita de un golpe de Estado o de una insurrección en masa). La monarquía absoluta y la dictadura son las principales formas históricas de autocracia.”

Sin embargo, también agrega: “Desde la antigüedad, el término ‘autócrata’ se escribe en monedas como una característica favorable del gobernante, teniendo alguna conexión con el concepto de ‘falta de conflictos de intereses’”. Es decir, que ser autócrata no siempre ha sido visto como algo negativo. Por el contrario, había quienes se vanagloriaban de ello, porque alegaban estar más allá del bien y del mal, al no tener intereses particulares y estar por encima de corrientes específicas.

No sé si pretende serlo (sinceramente, espero que no), pero tengo la impresión de que, en la práctica, nuestro próximo Presidente se maneja como un autócrata. Y que muchos lo ven como alguien que puede decidir personalmente, por encima de las leyes y de presiones políticas diversas, acerca de las más diversas cuestiones: un aeropuerto donde él en el fondo quiere que esté, o un tren que pase por en medio de la selva, independientemente de los daños ecológicos.

Vale la pena recordar que los dictadores no son incompatibles con las repúblicas. Originalmente, en la Roma antigua, los dictadores eran personajes a los cuales el Senado les asignaba una tarea específica de gobierno, pero acotados en el tiempo y por las leyes.

Julio César obtuvo que un Senado aliado (o domesticado) lo nombrara dictador en varias ocasiones, hasta que consiguió que lo nombraran “dictator perpetuus” (vitalicio). Lo cual me lleva a otra reflexión: los autócratas, aunque por definición pretendan manejar solos todo el aparato gubernamental, en realidad históricamente han necesitado del apoyo de diversos grupos y sectores de la sociedad. Es solo gracias a la colaboración o connivencia de muchos (complicidad, dirán algunos) que los autócratas pueden gobernar.

roberto.blancarte@milenio.com

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