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Jueves , 18.10.2018 / 08:58 Hoy

Perdón, pero...

Virtudes públicas y constitución moral

Roberto Blancarte

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La línea que separa lo público de lo privado es muy tenue. Y esa línea tiende a borrarse en regímenes moralizantes, como es el que aparentemente se quiere establecer en México, bajo la idea de una Constitución Moral. Por ello, cualquier falta, aunque sea en el ámbito privado, proveniente de quienes predican una nueva moral o una moralización de las instituciones, se convierte en un asunto público. Si se descubre por ejemplo que un alto funcionario de un gobierno conservador va con prostitutas a ciertos antros de dudosa reputación, inmediatamente el asunto se vuelve público; no es nada más un tema de decisión individual acerca de sus prácticas sexuales. Si un ministro de culto tiene pornografía en su computadora, el asunto deja de ser una cuestión de gustos personales, porque se supone que la moral que predica es exactamente contraria a la que practica. Por lo mismo, si alguien que será un alto funcionario del próximo gobierno tiene una fiesta dispendiosa o una boda lujosa (por ejemplo, con mil invitados, transporte, el mejor grupo de salsa del momento y langosta en el menú), su decisión, muy personal, se convierte en un asunto público. Aún más, si la esposa del principal predicador de la austeridad asiste como testigo de la boda y él mismo participa en el festejo. No importa de dónde haya sacado los millones que la fiesta seguramente costó; el dispendio contrasta con el mensaje.

El problema es que el que el grupo político que constituirá el próximo gobierno ganó las elecciones porque prometió esencialmente dos cosas: austeridad en el gasto de los funcionarios y lucha contra la corrupción. Y esta boda no parece mostrar la actitud anunciada. Por eso insisto: aunque sea un acto privado, se convierte en público por la pretensión moralizante y porque se revela una “doble moral” (una hacia los demás y otra hacia sí mismo). Si no fuera así, aunque relevante para muchos, no sería importante pública y por lo tanto políticamente. Pero si uno abandera una causa moral o ética, el juicio sobre nuestros comportamientos y prácticas será también inicialmente moral o ético. Y así como se critica a Maduro por comer opíparamente mientras el pueblo venezolano muere de hambre, con los mismos ojos se observa la boda de César Yañez. Es una muy mala señal que ni siquiera las formas se estén cuidando. Nos anuncia que el tema de fondo (austeridad y anticorrupción) tampoco es en serio.

roberto.blancarte@milenio.com

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