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Domingo , 19.08.2018 / 01:59 Hoy

Perdón, pero...

Sacerdotisas católicas

Roberto Blancarte

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El anuncio de la formación de una comisión vaticana para examinar la posibilidad de que las mujeres puedan ser diaconisas abre la puerta a una discusión mayor sobre dos temas mayores dentro de la Iglesia católica: 1) el problema de las vocaciones sacerdotales en el mundo, sobre todo el occidental, y 2) el papel de las mujeres en dicha Iglesia. Dos cuestiones que van a moldear sin duda el destino de la Iglesia católica, pero también de las sociedades en las que ésta desempeña un rol importante.

Cuando se anunció, en mayo pasado, que el papa Francisco había aceptado nombrar esta comisión para estudiar el asunto, ya señalamos lo que los estudiosos encontrarían: la carta de san Pablo a Timoteo, en la que habla de la existencia de mujeres diáconas o diaconisas. El diaconado, hay que recordarlo, es el primer grado del sacerdocio y es la entrada a la gestión de los sacramentos, clave del poder sacerdotal. Los conservadores dentro de la Iglesia insisten en decir que las mujeres cumplen un papel muy importante en la institución, pero se resisten a abrirles los puestos de responsabilidad. Las mujeres no pueden acceder ni al sacerdocio ni al episcopado ni al papado (puesto que para ser pontífice se requiere primero ser sacerdote).

El problema es que, más allá de lo que piensen conservadores o progresistas dentro de la Iglesia, las vocaciones sacerdotales están en picada y la tasa de sustitución generacional (seminaristas versus sacerdotes que se jubilan, se inhabilitan o mueren) es muy baja, sobre todo en Europa, pero también en América e incluso en Oceanía. En África tienen 66 candidatos por cada sacerdote, en Asia 54, en América 28, en Oceanía 22 candidatos y en Europa apenas 10 candidatos por cada sacerdote. Los únicos lugares donde hay un crecimiento relativo son África y Asia. Curiosamente, un tipo de agente de pastoral que ha aumentado en Europa y América en la última década es el de los diáconos permanentes, mientras que dicha figura es prácticamente desconocida en Asia y África. Por su parte, las religiosas profesas llegaron a ser en 2014 casi 683 mil (frente a casi 416 mil sacerdotes), pero también su número está disminuyendo, sobre todo en el mundo occidental.

No es entonces que la Iglesia católica tenga muchas opciones. O permanece cerrada al diaconado y al sacerdocio de las mujeres, lo que generará una crisis pastoral, o se convierte en una Iglesia de sacerdotes africanos y asiáticos, o abre la puerta a las mujeres. No dudo que los conservadores se resistan un tiempo, pero creo que a corto plazo veremos diaconisas y a mediano sacerdotisas en dicha Iglesia.

roberto.blancarte@milenio.com

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