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Domingo , 24.06.2018 / 06:02 Hoy

Perdón, pero...

Quizás corrupto, pero eso sí, piadoso

Roberto Blancarte

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Del todavía gobernador de Veracruz, Javier Duarte, se han dicho muchas cosas. Se le ha acusado de corrupto, de negligente, de incapaz, de silenciar periodistas, de querer poner fiscal anticorrupción a modo, etcétera. Pero de lo poco que no lo han podido acusar es de no ser un gobernador piadoso. Hace algunos años protagonizó, al igual que su similar de Chihuahua, una ceremonia religiosa para consagrar al estado, al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María. Y la semana pasada, después de haberlo intentado ya hace algunos años también, ahora sí logró que el Congreso local aprobara una reforma a la Constitución de Veracruz, para “garantizar la vida desde el momento de la concepción”. Con lo cual, le cumple al episcopado católico una de sus demandas más queridas y que éste ha promovido en muchos estados, con apoyo del PRI, del PAN y de uno que otro despistado. Esta reforma, por lo demás, es absolutamente ambigua y sirve solo para calmar algunas buenas conciencias, pues, curiosamente, no modifica el Código Penal de la entidad, según el cual el aborto está permitido o descriminalizado por las causales de violación, malformación del feto o cuando peligre la vida de la madre. Pero como señalaron en un pronunciamiento conjunto varias oficinas de la ONU en México encargadas de cuidar por los derechos humanos de las mujeres, dicha reforma “supone una regresión, contraria al artículo primero de la Constitución (federal) y a los tratados internacionales ratificados por México en el reconocimiento de los derechos humanos, puesto que podría contribuir a la estigmatización de las mujeres que quieren acceder a los servicios de salud sexual y reproductiva, así como provocar un efecto inhibitorio en los prestadores de dichos servicios”.

Que yo sepa, el episcopado católico en Veracruz no ha criticado al gobierno de ese estado por corrupción, malos manejos, despilfarro o simple negligencia. Por el contrario, por lo menos uno de ellos, el obispo de Veracruz, atribuyó la reciente derrota del PRI no a uno de estos elementos, sino a la iniciativa presidencial para eliminar la discriminación hacia los homosexuales, la cual legalizaría, de una vez por todas, el matrimonio entre personas del mismo sexo en toda la República. Así que esta medida, avalada por el disciplinado o temeroso congreso local, vendría a reforzar esta alianza entre episcopado y gobernador saliente. Lo cual muestra que para los obispos católicos y más de algún dirigente evangélico, el gobernador podría ser corrupto, negligente e incapaz, pero eso sí, muy piadoso, lo cual, ante sus ojos, lo exime de toda culpa.

roberto.blancarte@milenio.com

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