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Perdón, pero...

¿Quién ocupa el espacio público?

Roberto Blancarte

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¿Quién tiene derecho a ocupar el espacio público? ¿Quién tiene derecho a imponer a los demás una imagen religiosa? ¿Quién decide cuáles son los símbolos que van a marcar una ciudad? Durante siglos, el cristianismo y más específicamente el catolicismo impusieron sus símbolos, su marca, en todo el país, en todo el continente. Y nadie lo cuestionó porque se asumía que la cruz, las vírgenes, los santos, eran parte de la nueva identidad de esos territorios. Para los españoles era la justificación de su conquista y dominación; para los indígenas, los símbolos de los nuevos dioses que había que respetar y temer, junto a sus nuevos señores. El mestizaje también fue religioso y así se crearon nuevas imágenes y nuevas identidades. La más lograda, entre cientos de ensayos, fue la de la virgen de Guadalupe. Los nuevos pueblos se llenaron de iglesias y cruces, que se impusieron en el espacio público. Cuando vino la Independencia, estos símbolos no fueron cuestionados, porque nacimos como nación intolerante. Y no fue sino hasta que el Estado se separó de la Iglesia que los símbolos seculares de la nueva patria comenzaron a competir con los religiosos por el espacio público. El más significativo ejemplo de esto es la estatua de Hidalgo, en el parque central, frente a la iglesia de Dolores (de Hidalgo), Guanajuato: el estandarte que empuña el cura que encabezó la Independencia no tiene la imagen de la virgen. El decreto para la erección de este monumento fue hecho por el presidente Benito Juárez, en junio de 1863 (en plena invasión francesa), pero fue finalmente construido por el presidente Porfirio Díaz en 1887. Los liberales mexicanos tenían muy clara esta batalla de símbolos en los espacios públicos.

Lo anterior me viene a la mente debido a las protestas encabezadas por el arzobispo emérito de Guadalajara, Juan Sandoval, contra una escultura de Ismael Vargas, titulada Sincretismo, donde se entrelazan imágenes de la virgen de Guadalupe y de la diosa Tonantzin. Hasta ahora, el presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, ha defendido la libertad creativa y ha resistido los embates de los grupos ultraconservadores, pero ciertamente esto abre un debate que rebasa dicha ciudad. Por ejemplo, ¿tiene derecho la Iglesia católica de imponerle el cristo del Cerro del Cubilete a toda la población? En todo caso, recordemos que el espacio público es de todos, no de una Iglesia.

roberto.blancarte@milenio.com

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