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Martes , 16.10.2018 / 20:53 Hoy

Perdón, pero...

Por encima de toda sospecha

Roberto Blancarte

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Por supuesto que es odioso que, en lugar de presumir la inocencia de las víctimas, estemos acostumbrados a sospechar de entrada acerca de las razones que los llevaron a estar en esas circunstancias. La frase “algo habrán hecho” se la aplicamos tanto al periodista que fue asesinado, como a la mujer que fue violada. Pensamos que la víctima andaba con malas compañías o que no debía haberse metido en ciertos lugares. Así, la culpa termina siendo de la víctima y no del victimario. Eso es muy católico. “La culpa” es nuestra. Y Dios por algo “nos” o “los” está castigando. Si no es por algo que hicimos, o dejamos de hacer, será por nuestro pecado original. Lo anterior se refleja en nuestro sistema judicial, al que le ha costado transitar a la presunción de inocencia. Todavía llegamos a los tribunales siendo culpables. Luego, si uno tiene dinero y un buen abogado, se puede demostrar la inocencia.

Por el otro lado, sin embargo, tenemos a miembros de ciertos sectores de la sociedad sobre los que nos cuesta trabajo pensar que hayan hecho algo malo. Son personajes fuera de toda sospecha. Nos quedan muy pocos, pero entre ellos están los ministros de culto. Gozan de un aura de santidad y nos parece que, por lo mismo, no son seres humanos normales. Esta conexión con lo sagrado les otorga, por el contrario, un enorme beneficio de la duda, del cual no gozamos el resto de los mortales. Nos cuesta trabajo creer que estas personas que se dedican a hablar con Dios o conectarnos con él, puedan cometer fechorías y crímenes. De lo cual algunos se aprovechan. La modernidad secular ha venido, sin embargo, a minar algo de esa aura de santidad.

Dicho esto, me pregunto: ¿qué andaban haciendo los sacerdotes asesinados recientemente en Guerrero empuñando armas largas? ¿Por qué se tomaron fotografías con grupos armados? ¿Qué andaban haciendo en un baile a altas horas de la noche? No me parece que, por ello, sean culpables de algo, pero de allí a defenderlos de entrada, nada más porque son sacerdotes, hay un trecho que se debe de recorrer con sumo cuidado. Porque también esa actitud muy tradicional de defender al padrecito y no permitir que lo señalen de alguna manera es lo que ha generado impunidad contra sus crímenes. Y es lo que hizo López Obrador, en una actitud muy tradicionalista y conservadora. Tengamos cuidado: nadie debe ser culpable de entrada, pero nadie debe estar por encima de toda sospecha.

roberto.blancarte@milenio.com

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