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Sábado , 23.06.2018 / 18:03 Hoy

Perdón, pero...

¡Pero qué necesidad!

Roberto Blancarte

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Yo no sé si hay un Dios, pero si acaso existe, quizás se llevó a Juan Gabriel con un propósito. Me queda claro que este ídolo de las multitudes se nos fue en un momento clave del país, en el que se están definiendo muchas de las libertades por las que él tuvo que pelear, sin nunca externarlo como una reivindicación específica, pero sí viviendo una vida que otros prohibían y quieren prohibir a muchos mexicanos y mexicanas.

El triste fallecimiento de Juan Gabriel muestra, además, de manera descarnada, el doble discurso que pueden tener muchos ante las minorías en materia de preferencia sexual: por un lado, amándolos y siguiéndolos, y por el otro, ignorando o pretendiendo ignorar que son distintos y al mismo tiempo asumiendo que debían tener menos derechos que el resto de la población. El Presidente de la República decidió sin titubear que el recinto del Palacio de Bellas Artes fuera dispuesto para que la gente pudiera despedirlo. ¿Asistirán a rendirle homenaje a sus restos Emilio Gamboa y César Camacho? ¿Y si los entrevistan allí seguirán diciendo que no es prioritario para el PRI legislar sobre el matrimonio igualitario? El gobernador Duarte de Chihuahua le quiere hacer homenajes, pero se opone a que personas como Juan Gabriel tengan los mismos derechos que los demás. ¿Cinismo, oportunismo o esquizofrenia?

Y luego está el asunto de la familia. Juan Gabriel es el símbolo de todo lo que rechazan los nuevos inquisidores, quienes, llenos de prejuicios, dicen defender a la niñez: un hombre evidentemente gay que, al parecer casándose con una amiga, tuvo un hijo y adoptó a otros tres. Puede ser que algunos de ellos hayan tenido problemas, pero él los crió, los amó, les compuso canciones y los cuidó lo más que pudo. No sé si el contramodelo sea Marcial Maciel, un hombre que, en la práctica fue bígamo, pues su primera esposa era la Iglesia y luego se arrejuntó con una mujer con la que tuvo hijos y al parecer abusó de ellos. Quiero ver que, en estos momentos, a alguno de estos inquisidores se le ocurra hablar mal de Juan Gabriel. Porque lo cierto es que, si nos ponemos a comparar ejemplos de vida, a pesar de todos sus problemas, la mayor parte de la gente preferirá la familia de Juan Gabriel.

Se me ocurre que frente a las marchas del 10 y el 24 de septiembre, anunciadas por estos comités que dizque defienden a "la familia", pongamos fotos de Juan Gabriel y cantemos sus canciones: "¡Pero qué necesidad, para qué tanto problema, no hay como la libertad de ser, de estar, de ir, de amar, de hacer, de hablar, de andar así sin penas! ¡Pero qué necesidad, para qué tanto problema, mientras yo le quiero ver feliz, cantar, bailar, reír, soñar, sentir, volar, ellos le frenan!".

roberto.blancarte@milenio.com

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