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Jueves , 20.09.2018 / 21:25 Hoy

Perdón, pero...

Parece una encíclica anticlimática

Roberto Blancarte

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Lo cual sería paradójico. Escribir una carta acerca de la destrucción del medio ambiente y el papel del ser humano en ello, en este momento no parecería una prioridad, por lo menos para la Iglesia católica. Sin embargo, la Santa Sede y quien está a la cabeza de la misma en este momento, es decir, el papa Francisco, pensó de manera diferente. No es que el sumo pontífice sea un prolífico escritor, pues es apenas su segunda carta encíclica. La tituló: “Alabado seas”, como cantaba a Dios San Francisco de Asís, el gran santo de los pobres y de la naturaleza, de quien este Papa tomó el nombre y el ejemplo.

Aunque no es de difícil lectura, dudo que muchos católicos lean esta encíclica completa y detenidamente, como deberían hacerlo. Su análisis íntegro requerirá de más tiempo y espacio del aquí disponible, pero algunas cuestiones se pueden avanzar. La primera es que esta encíclica, aunque novedosa en muchos sentidos, sobre todo en el temático, se apega de la manera más estricta a la clásica posición de la doctrina social de la Iglesia. Lo que no significa, inmovilidad. De hecho, es en los pequeños cambios donde se puede observar el movimiento.

Durante décadas, por ejemplo, la Santa Sede ha insistido que el problema no es el número de personas en el mundo, sino que la mesa está mal repartida. Y aquí lo vuelve a hacer, cuando afirma: “Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni siquiera contener los residuos de semejante consumo.” Sin embargo, hoy por lo menos matiza dicha posición cuando sostiene: “De cualquier manera, es cierto que hay que prestar atención al desequilibrio en la distribución de la población sobre el territorio, tanto en el nivel nacional como en el global, porque el aumento del consumo llevaría a situaciones regionales complejas, por las combinaciones de problemas ligados a la contaminación ambiental, al transporte, al tratamiento de residuos, a la pérdida de recursos, a la calidad de vida”.

El problema central, en cualquier caso, es la visión judeo-cristiana acerca del mandato divino de la dominación de la tierra, lo que ha generado su saqueo durante siglos. Una nueva lectura de la Biblia parecería modificar esta postura porque “hoy la Iglesia no dice simplemente que las demás criaturas están completamente subordinadas al bien del ser humano”.

roberto.blancarte@milenio.com

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