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Lunes , 18.06.2018 / 22:51 Hoy

Perdón, pero...

La homosexualidad es más que la penetración

Roberto Blancarte

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Hace unas semanas, el semanario del arzobispado de México quiso mostrar que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son anti-naturales y para ello citó opiniones de médicos acerca del papel del ano, refiriéndose a que es un órgano hecho para expulsar, más que para ser penetrado. El problema es que el arzobispado se equivocó en varios puntos acerca de las relaciones homosexuales. Al centrar sus críticas en la penetración se olvidó, entre otras cosas, de que las relaciones entre personas del mismo sexo son emocionales y sentimentales, además de físicas. En otras palabras, hay gente a la que le gustan las personas del mismo sexo y no las del opuesto. Y eso, independientemente de si hay o no relaciones físicas, si hay o no penetración sexual. Cuando el arzobispado, o la Iglesia católica, se opone a las relaciones homosexuales, la pregunta es si aceptan la homosexualidad, siempre y cuando no haya penetración o exista alguna forma de castidad asexuada entre las personas que tienen atracción por personas del mismo sexo. Si es el caso, habría que preguntarse y preguntarles si es nada más la penetración anal la que les parece antinatural o si otras formas de expresión de los sentimientos también les parecen pecaminosas. Por ejemplo, habría que preguntarles si besarse en la boca entre hombres o entre mujeres es antinatural, bajo el supuesto de que la boca no fue hecha más que para comer, o para hablar. ¿Y si la boca "fue hecha" para comer o para hablar, entonces tampoco se puede usar, por ejemplo, para chupar un seno o cualquier otra parte del cuerpo? ¿No desempeña acaso la boca un papel más importante en las relaciones sexuales?

El problema central, para mi gusto, es la reducción de los sentimientos a una relación exclusivamente física. Pensar que la homosexualidad se reduce a un acto físico, es no entender la naturaleza y la naturalidad de una forma distinta de amar. Y la Iglesia católica, contrariamente a sus propias encíclicas, está reduciendo el acto de amar a una relación sexual entre dos personas de distintos sexo, centrada en la penetración para procrear o reproducirse. Pero el amor y la sexualidad son mucho más que la penetración. El acto sexual puede comprender muchas más cosas que la introducción del pene en la vagina o en el ano. Pero, desafortunadamente, al clero católico, que aparentemente no sabe nada de eso, pues no practica la sexualidad más que reprimiéndola (lo cual genera muchas distorsiones y problemas en su institución), lo único que se le ocurre es condenarla. Algún día, quizás, entenderán que la sexualidad es más que penetrar a alguien.

roberto.blancarte@milenio.com

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