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Jueves , 18.10.2018 / 13:10 Hoy

Perdón, pero...

La desaparición del Estado

Roberto Blancarte

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Hay noticias que me cuesta trabajo entender. Según un periódico de circulación nacional, el obispo de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel, reveló que el pasado viernes se reunió con un líder del crimen organizado en la zona, a quien le habría pedido que ya no hubiera más asesinatos y “ellos” se comprometieron a que así sería. No es la primera vez que un obispo católico se reúne con líderes del crimen organizado. Ya en la década de los 90 del siglo pasado, el obispo de Aguascalientes, monseñor Godínez, admitió con toda ingenuidad que la Iglesia recibía dinero de criminales, que así se purificaba a través de buenas obras; una especie de lavado celestial de dinero. Luego, con el asesinato del cardenal Posadas, se dio el famoso encuentro, revelado por el nuncio Girolamo Prigione, entre él y los hermanos Arellano Félix, quienes le habrían explicado las trágicas circunstancias del homicidio. En ninguno de estos casos hubo consecuencias legales para los prelados católicos.

Ahora las circunstancias son todavía más inquietantes, porque reflejan no solo un relajamiento del estado de derecho, sino la desaparición del Estado mexicano y el imperio del crimen organizado, avalado por la Iglesia. En efecto, como bien indica la nota respectiva, desde que se iniciaron las precampañas, ha habido más de 12 políticos asesinados. Pero el motivo del encuentro entre el obispo y el líder del crimen organizado fue que el prelado quería agradecerle al capo la restitución de los servicios de agua y luz a una comunidad llamada Pueblo Viejo. Según esto, el obispo habría llegado a la reunión en un helicóptero “rentado por los habitantes”, quienes seguramente tienen para eso y más. Lo peor del caso es que el líder del narco habría puesto dos condiciones democráticas, las cuales justifican sus crímenes, que el obispo con gusto retransmitió: “Que los candidatos no repartan dinero para comprar el voto y que en su lugar realicen obras en las comunidades”.

Me pregunto si el obispo se cuestiona sobre su participación en estos hechos. Ciertamente, logró la restitución de los servicios en dicha comunidad, pero a cambio se constituyó en una especie de cómplice del crimen organizado, al pactar con éste y transmitir sus condiciones. Al hacerlo, quizás reconoció la inexistencia del Estado (ya no digamos de derecho), pero también legitimó al poder de facto en esa región. Y el Estado mexicano simplemente está desaparecido.

roberto.blancarte@milenio.com

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