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Jueves , 20.09.2018 / 07:57 Hoy

Perdón, pero...

Humanitarismo cristiano

Roberto Blancarte

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Lo del papa es un gran gesto. Admitir o hacer que Italia admita (porque en el Vaticano no van a vivir) a 12 refugiados sirios es irreprochable en términos humanitarios. Sin embargo, la admisión de los musulmanes es una de esas medidas que nos parecen incuestionables, desde el punto de vista del principio moral. Y, sin embargo, chocan con la realidad de una política basada en una ética de responsabilidad, la cual no es necesariamente compatible con la primera. Me refiero con esto a que el gesto, loable de entrada porque pudo no haberse dado, es exactamente eso, es decir, un gesto, sin mayores implicaciones concretas para la santa sede o para el Estado de la Ciudad del Vaticano. Pero que no puede reproducirse ni en el micro-Estado (no veo un 10 por ciento de los trabajadores del Vaticano siendo musulmanes), ni en el resto de Europa. Porque la aceptación masiva de refugiados sirios en el viejo continente alteraría bruscamente la de por sí delicada situación económica y política de esos países. El gesto de Merkel, de aceptar un millón de refugiados, ya tuvo de hecho costos sociales y políticos para Alemania. Como era de esperarse, la extrema derecha avanzó en las pasadas elecciones regionales y el tema de los refugiados amenaza con darle armas al resto de los partidos ultraconservadores en todo el continente.

El tema, equivocado pero inevitablemente, se cruza sin ser el mismo, con el de la seguridad y el terrorismo, pero también con el de las dificultades que algunos países han experimentado para integrar a la población musulmana. Todo ello, aunado a dos fenómenos complejos y paralelos: por un lado la animadversión ancestral hacia todo lo que venga del mundo musulmán y por el otro las dificultades del Islam para adaptarse a una Europa secularizada, más que cristiana. Que haya más de 3 mil musulmanes nacidos en Europa peleando por el llamado Estado Islámico y que muchos de ellos pretendan regresar a sus países para continuar su lucha contra Occidente es algo que atemoriza a muchos.

Así que el gesto del papa es de elogiar, pero al mismo tiempo es una muestra fehaciente de los límites de una política basada en una moral religiosa, más que en una ética de responsabilidad. Nadie duda del enorme valor que tiene la caridad cristiana en el apoyo a los refugiados y migrantes del mundo, incluido México. Pero ese gesto papal, más bien populista, no puede reproducirse en la práctica, a riesgo de generar más problemas. Porque predicar con el ejemplo hubiera sido llevar a un centenar de musulmanes a vivir y trabajar en el Vaticano, no en Roma. Lo demás es saludar con sombrero ajeno.

roberto.blancarte@milenio.com

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