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Domingo , 23.09.2018 / 23:03 Hoy

Perdón, pero...

Hasta lo que no comen

Roberto Blancarte

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Hay gente que, no contenta con pedir las libertades para llevar su vida de acuerdo con sus propias convicciones religiosas o filosóficas, quiere que las leyes obliguen a todos los demás a llevarla como ellos en lo particular quisieran. Como se dice popularmente, hasta lo que no comen les hace daño. Quieren sus libertades, pero se las niegan a quienes piensan de manera distinta. Se asumen poseedores de la verdad y le niegan a otros la posibilidad de pensar o de creer y, por lo tanto, de actuar diversamente. No les importa si la mayoría tiene una opinión o posición contraria a la de ellos: su verdad es lo que se debe imponer a todos. Es el caso del Arzobispado de México que, de manera directa o vía sus órganos de difusión oficiales o extraoficiales, arremete contra la izquierda y contra el Congreso Constituyente de Ciudad de México.

El enojo más reciente tiene que ver con la atinadísima aprobación por los miembros del Congreso constituyente tanto de la vida digna como de la muerte digna en el apartado de la autodeterminación. El semanario Desde la fe, órgano oficioso de dicho arzobispado, llama a los fieles a castigar en las urnas “a una izquierda corrupta, decadente y depredadora de los valores morales”. La verdad es que el arzobispado podría aplicarse a sí mismo dichos adjetivos, pero está tan acostumbrado a presentarse a sí mismo desde las alturas de una supuesta autoridad moral, que le cuesta trabajo verse reflejado en ese espejo. Ignora también, a propósito, que los fieles no están de acuerdo con la mayor parte de sus propuestas. Los fieles católicos difieren en mucho de lo que los jerarcas de esa Iglesia proponen en materia de matrimonio igualitario, aborto y muerte digna. Así que los dirigentes católicos juegan el único juego al que saben jugar: el de las presiones políticas. Y, por supuesto, no faltan (de hecho sobran) los políticos despistados que se asustan con el petate del muerto. Sin saber lo que los propios fieles (en este caso ciudadanos) quieren, salen corriendo a tratar de revertir las garantías de libertad que los constituyentes de Ciudad de México están estableciendo. Y sin percatarse de que esta Constitución no obligará a nadie ni a casarse con alguien de su mismo sexo si no quiere ni a abortar si sus convicciones así lo guían ni a morir de manera distinta a la que quiera morir. Lo demás se llama intolerancia.

roberto.blancarte@milenio.com

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