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Viernes , 22.06.2018 / 21:09 Hoy

Perdón, pero...

¿Es mejor votar que aprender?

Roberto Blancarte

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La decisión por parte del gobierno federal de suspender “indefinidamente” el proceso de evaluación de maestros para el ingreso, promoción y permanencia en educación básica media y media superior, a partir de “nuevos elementos a considerar”, parece desesperada si no suicida. Aunque la palabra “indefinidamente” es bastante ambigua, muchos han interpretado la medida como una claudicación e incluso como un acto anticonstitucional. Explicaciones puede haber muchas pero, en la medida que no fueron proporcionadas, dejan espacio libre para la especulación. La razón principal se ligaría con la resistencia de algunas secciones del gremio magisterial, las cuales se han opuesto no solo a la evaluación, sino que han ligado su negativa a otras formas de oposición política. La principal de ellas ha sido el anunciado boicot a las elecciones locales y federales en los estados donde son fuertes. Para complicar las cosas, en esos lugares hay serios problemas de criminalidad y violencia, apenas controlada. El problema entonces se presenta ya no como un asunto educativo, sino uno de gobernabilidad.

Sé (me consta) que Emilio Chuayffet es uno de los miembros más inteligentes y preparados del gabinete, si no es el que más. Por eso y por las circunstancias que han envuelto todo el proceso de reforma educativa no creo que la medida haya sido decidida en la SEP. Tiene que venir de más arriba o a partir de una decisión de gabinete que evidentemente privilegió el tema de la necesaria tranquilidad para la celebración de las elecciones en dichos estados. En suma, más como un tema político que como un asunto estrictamente educativo o incluso electoral. El problema entonces no es ya el educativo. Pasamos a otro estadio y a otra dimensión, la de la política, que es precisamente a la que querían llegar los maestros disidentes. Si esa fue la razón de la suspensión, la CNTE logró su doble objetivo: anular la reforma educativa y plantear un problema de gobernabilidad.

No creo por eso que la CNTE se vaya a calmar con la anunciada suspensión “indefinida” de la evaluación. Sus acciones recientes muestran de hecho que ya se sintió fortalecida. Me pregunto entonces si no hubo allí un error de cálculo, al asumir que, en el mejor de los casos, tendríamos elecciones aunque no hubiera mejor educación. En ese sentido, me parece que quizás hubiera sido mejor tratar que las elecciones tuviesen lugar allí donde se podía y dejar que la CNTE asumiera los costos del boicot electoral. En otras palabras, blindar la reforma educativa y distinguirla de otras acciones encaminadas a la gobernabilidad.

roberto.blancarte@milenio.com

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