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Jueves , 20.09.2018 / 21:29 Hoy

Perdón, pero...

El verdadero López Obrador

Roberto Blancarte

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Al igual que con Trump en Estados Unidos, dos interrogantes centrales surgen frente al futuro político inmediato de México, en el sexenio que comenzará el próximo 1 de diciembre: 1) ¿Cuál es el verdadero López Obrador, el impoluto y conciliador o el antidemocrático y autoritario? El ya clásico tuit de éste, acusando al INE de “una vil venganza”, serviría para demostrar lo segundo y reforzar la tesis de que, en realidad, la relativa contención mostrada en la campaña irá dando paso con el tiempo al verdadero López Obrador, con todas sus limitaciones, exabruptos y desplantes antidemocráticos. Que, a las pocas semanas de haber sido electo, se haya lanzado contra la institución que hizo posible esta transición pacífica y que no admita los resultados allí donde su partido perdió son para muchos ya pruebas suficientes de que nos espera un sexenio donde, desde arriba, se pondrá a prueba la solidez de las instituciones democráticas del país. Pero de la misma manera que con Trump, la segunda interrogante se relaciona con esto: 2) ¿Qué capacidad tiene el entorno del virtual presidente electo de la República para contener sus impulsos antidemocráticos y autoritarios? En Estados Unidos, aunque a regañadientes, muchos miembros del Partido Republicano han tomado distancia del presidente de Estados Unidos y algunos han terminado por resistir y oponérsele. Me pregunto si en Morena hay la capacidad para tomar esa distancia o generar una oposición, en caso de darse una deriva antidemocrática en el gobierno. Y me pregunto también si, más allá de ese partido (que en realidad es más un movimiento, como su nombre lo indica), el resto de las instituciones sociales y políticas pueden generar los contrapesos suficientes para evitar esa deriva autoritaria.

La verdad es que conocemos poco de Morena, pero desde afuera parece más bien una agrupación política que hasta ahora ha girado alrededor de los deseos y designios de un solo hombre. López Obrador puede encumbrar a cualquiera, así tenga el pasado más abyecto, o castigar políticamente al que se atreva a oponérsele o contradecirlo. Estamos, hay que decirlo, como en la mejor época del presidencialismo imperial. Digo esto porque conozco y considero honestos a muchos de los miembros de esta agrupación. Pero no veo a ninguno de ellos con capacidad de resistir a su líder máximo. Lo cual, francamente, me hace temer lo peor para nuestra democracia.

roberto.blancarte@milenio.com

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