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Martes , 23.10.2018 / 11:34 Hoy

El panteísmo de López Obrador

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Hay quien dice que López Obrador es evangélico. Y hay quien sostiene que es católico. En realidad, se le ha visto dejándose bendecir por el que quiera hacerlo. Y fue a tomarse la foto con el papa Francisco, para luego decir que era juarista. En realidad, el candidato de Morena es un panteísta, adorador de todos los dioses y de todos los espíritus, a los cuales meterá en Palacio Nacional, si llega a ganar. Inauguró 2018 con un video donde, entre otras cosas, señaló: “Aquí amanecimos en Chichén Itzá. Nos estamos cargando de energía positiva y buena”. El candidato de Morena suma así, a su claro guadalupanismo, manifiesto en el nombre de su agrupación y en el día que lanzó su programa de gobierno y a su identificación con el evangelismo conservador, puesto de manifiesto con su alianza con el PES y en su defensa del mismo, las creencias en los espíritus de todo tipo y en las fuerzas cósmicas que algunos creen recibir en las pirámides prehispánicas mexicanas. Por eso, aunque López Obrador se presenta a sí mismo más como un promotor del diálogo ecuménico (entre de las distintas religiones cristianas), y del diálogo entre todas las religiones y entre religiosos y no creyentes, basado en una especie de filosofía barata del amor universal, donde todos nos abrazamos y cantamos el anuncio de Coca-Cola, en realidad él va más allá. López Obrador es un personaje que cree en una mezcla rara de espíritus (incluido el Espíritu Santo) y fuerzas cósmicas que pueden guiar sus decisiones, sus acciones públicas y en general su vida. De otra manera, no tendrían sentido todas sus manifestaciones alrededor de estas convicciones religiosas. En otras palabras, si no creyera que las bendiciones de pastores evangélicos le son útiles, no se dejaría tocar la cabeza. Si no creyera que una limpia le va a servir, no se sujetaría al ritual y si no creyera que hay fuerzas cósmicas poderosas que le pueden ayudar a alcanzar la Presidencia, no lo andaría pregonando.

Nuestro país está lleno de amas de casa que se hacen limpias, luego van a misa y en los solsticios se suben a las pirámides a recibir energía. El problema es que ninguna de ellas pretende ser presidente de la República y gobernar ecuménica o interreligiosamente a partir de sus convicciones. El problema es que, cuando tenga que decidir entre esas convicciones y los derechos de mujeres y minorías sexuales, no sabemos qué se le va a ocurrir.

roberto.blancarte@milenio.com

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