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Lunes , 15.10.2018 / 15:02 Hoy

El enojo con el papa

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El poder desgasta, incluso al sumo pontífice. Más aún cuando hay promesas incumplidas. Y cuando se acaban los bonos ganados por acciones pasadas o por el beneficio de la duda. O cuando hay flagrante impunidad. Y en Chile, como en general en América Latina, la gente está muy enojada. Y parte de este enojo se dirige contra una Iglesia que prometió una reforma profunda en materia de pederastia, con tolerancia cero, pero que en la práctica no parece haber modificado gran cosa ni preocuparse mucho por el tema. La sensibilidad política dentro de la jerarquía católica es muy baja, porque cuando alguien considera que tiene la verdad, es difícil hacerla cambiar. Y así, se defiende lo indefendible y se actúa muy poco y muy tarde. Quizás el gran problema para la Iglesia católica es que, en el fondo, se niega a acogerse a la justicia civil, mientras que la eclesiástica es casi de broma. Porque el gran castigo de la Iglesia para los pederastas que durante décadas han violado niños es… impedirles que ejerzan su ministerio sacerdotal de manera pública, y obligarlos a… una vida de penitencia y oración. Ni siquiera los expulsan de la Iglesia. Eso fue lo que permitió que en México, Marcial Maciel muriera rodeado de muchos miembros de la Legión de Cristo, quienes lo cuidaron y protegieron hasta el final de sus días. Y lo mismo ha sucedido con el sacerdote chileno Fernando Karadima, a quien la justicia civil no tocó por prescripción de la ley para condenarlo y a quien la Iglesia le dio cachetadas con pétalos de rosa. En Chile, esta tragedia no es aislada; hay muchos casos de sacerdotes acusados de pederastia o de encubrimiento. La Iglesia los ha mandado a casas especiales, para ver si se regeneran. El que quiera ver un ejemplo de esto, le recomiendo la película El club (2015), del director Pablo Larraín.

El papa Francisco está por cumplir cinco años de un pontificado que se inauguró con mucha esperanza para los feligreses, quienes vieron en sus primeros gestos y palabras signos de un cambio ya inaplazable en la Iglesia. El pontífice argentino anunció en sus primeros meses de reinado una gran reforma de la institución. Pero, o la montaña produjo un ratón, o no ha habido los cambios esperados. Ejemplo de lo anterior fueron los tímidos y prácticamente abortados intentos de reforma en materia de apertura hacia los homosexuales y hacia los católicos divorciados. Así que el enojo no es gratuito.

roberto.blancarte@milenio.com

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