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Miércoles , 14.11.2018 / 05:31 Hoy

Perdón, pero...

Disparar a la gente en Reforma

Roberto Blancarte

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Me pregunto si las campañas políticas y los discursos de los candidatos, con sus propuestas tan nutridas como diversas, con sus promesas tan disparatadas como etéreas, con sus desplantes, en ocasiones tan contradictorios como vacuos, han logrado, más que orientar, solo confundir al electorado. Sería injusto, sin embargo, decir que todos los candidatos han sido iguales. Hay quienes han intentado avanzar propuestas viables y hay quienes desfachatadamente han propuesto cosas irrealizables. Hemos visto a candidatos serios, que no han querido caer en el populismo y se han atenido a lo que, de acuerdo con su esquema de la realidad, realmente se puede hacer. Y hemos visto también a candidatos que, sin el mayor pudor, le han dicho a cada de uno de sus públicos lo que estos quieren escuchar. La campaña se volvió así, en buena medida, en un circo con varias pistas, cada una con trapecistas, domadores de leones y payasos, tratando de atraer la atención del público. Lo más grave, para mí, ha sido la renuencia de la mayoría de los políticos a convertirse en verdaderos hombres de Estado, dispuestos a enfrentar los retos económicos, políticos y sociales que tenemos enfrente como país y como planeta. En lugar de eso, nos quedamos con lo más bajo, lo más burdo, lo más simplón y lo más falso de la política.  


Nuestro espejo inmediato, desafortunadamente, son las recientes elecciones en Estados Unidos. Lo que parecía increíble y desquiciado, sucedió. Los estadunidenses terminaron eligiendo a un personaje impresentable que, contrariamente a lo que muchos pensaron, sí está tratando de llevar a cabo sus planes más insensatos. La diferencia es que, en Estados Unidos de América, las instituciones democráticas pueden todavía funcionar como contrapeso a las arbitrariedades del presidente en turno.  


Así que vuelvo a mi punto: las campañas han logrado aturdir a los electores. O, puesto más positivamente, las campañas no han logrado desaturdir a la gente. Lo más grave es que nada de lo que se dijo fue suficiente para encaminar al electorado al rechazo de la frivolidad y la superficialidad. En medio de la violencia, del enojo y del resentimiento social, ya nada asombra o indigna a los electores. Trump dijo: “Podría disparar a gente en la 5ª. Avenida y no perdería votos”. En la campaña electoral mexicana de este año pasaron cosas más graves y la gente no parece reaccionar. Veremos qué sucede.


roberto.blancarte@milenio.com

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