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Perdón, pero...

Ciencia y magia en la 4ª transformación

Roberto Blancarte

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Hay dos hechos contrastantes que muestran claramente la ideología y concepción del desarrollo que tiene el actual gobierno federal en materia de educación superior, ciencia y tecnología. Por un lado, encabezado por el Presidente de la República, un ritual de los pueblos originarios a la Madre Tierra para anuencia del Tren Maya. Por el otro, una sensible disminución al presupuesto para el año entrante a las principales universidades del país y al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. O sea, tenemos un gobierno y sobre todo un Presidente, que está más preocupado por las reacciones de una deidad cósmica que por los estudios y resultados científicos de impacto ambiental. Hay que reconocerlo, en términos simbólicos el asunto está arreglado; cuesta menos hacer esa ceremonia mágico-religiosa que esperar a resultados confiables que nos ofrezcan elementos para decidir sensatamente si vale la pena destruir parte de la Reserva de Biósfera Maya. Olvídese usted de la República laica, de Benito Juárez, del artículo 3º que señala que “el criterio que orientará a la educación se basará en los resultados del progreso científico”. Todas esas cosas no son más que leyes de la nación y deseos decimonónicos de avanzar en nuestro desarrollo, pero no pueden estar por encima de esa gran deidad.

Por lo demás, aunque secretamente la Madre Tierra les haya dado permiso, queda claro que un tren turístico tendrá un enorme impacto en esa reserva ecológica. El año pasado pasé la Navidad en un pequeño pueblo llamado Xpujil, a muy pocos kilómetros de la frontera con Guatemala y Belice. La muy buena carretera 186, que comunica a Escárcega con Chetumal, está prácticamente desierta. El “hotel” eran tres cuartos atrás de una pizzería. De ese nivel es la infraestructura turística, la cual obviamente se tendrá que transformar si van a recibir a miles de turistas.

Pero mi punto va más allá del Tren Maya. Para mí lo más preocupante es la pobre concepción que nuestro Presidente tiene de la ciencia. Hemos estado batallando para que algún día se le dedique el uno por ciento del presupuesto a ciencia y tecnología y nunca se ha cumplido. Llegamos al 0.5 cuando mucho. Ahora, con este gobierno, no solo no se aumenta, sino que se disminuye. Probablemente confía más en los saberes tradicionales. Mientras tanto, en los países de mayor desarrollo la inversión en ciencia y tecnología llega casi al tres por ciento, o sea, proporcionalmente, seis veces más que nosotros. Esa brecha nos está dejando cada vez más atrás y, como siempre, terminamos dependiendo de su tecnología. Me comentaba alguien muy cercano que está estudiando física en Alemania gracias a Conacyt cómo, en los laboratorios de ese país, hay materiales e instrumentos con los que se pueden hacer a diario experimentos que en México simple y sencillamente no tenemos, porque no hay presupuesto. Así de simple. Pero nuestro Presidente cree que quienes van a estudiar al extranjero solo aprenden mala mañas. Así de chiquito es su mundo, como grande su ignorancia. Por eso promueve rituales mágicos y le baja el presupuesto a ciencia y tecnología.

roberto.blancarte@milenio.com

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