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Lunes , 28.05.2018 / 03:29 Hoy

Columna de Roberto Blancarte

"#QueMePregunten"

Roberto Blancarte

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Hace unas pocas semanas un amigo del PRD me regaló una camiseta con el logo #QueMePregunten y #Art35, en referencia a la consulta popular relativa a la reforma energética. Se trata de un ejercicio democrático que pretende impulsar ese partido para dar marcha atrás a lo hecho por la Cámara y el Senado, además de los congresos locales. Parecería un ejercicio contradictorio. Sin embargo, de acuerdo con una cierta interpretación sería válida, ya que el artículo 35 de la Constitución en su párrafo VIII establece que las consultas populares pueden ser convocadas por el Presidente de la República, por 33 por ciento de cualquiera de las cámaras del Congreso de la Unión o por 2 por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores. Hay por supuesto todo un debate acerca de la constitucionalidad de una consulta popular que no se agregaría, sino que iría eventualmente contra lo establecido por los representantes populares elegidos por los ciudadanos, democráticamente, en julio de 2012. Uno se puede preguntar acerca de la sabiduría de una consulta de este tipo, cuando el tema de la reforma energética parece bastante complejo y ciertamente requiere respuestas que no siempre pueden ser tajantes. Pero creo que, esté uno de acuerdo o no con dicha reforma, es difícil negarse al ejercicio democrático, suponiendo que haya un mínimo consenso para impulsarla.

El mismo día que recibí la camiseta, me encontré, sin embargo, con la enorme paradoja de que los vecinos de Coyoacán se estaban quejando y protestando contra el jefe delegacional (que fue candidato del PRD), alegando que no habían sido consultados para el establecimiento de parquímetros en la zona, los cuales no parecen necesarios, más allá de algunas cuadras en el centro. La resistencia de los vecinos se hizo evidente en enfrentamientos con fuerzas del orden y que llevaron incluso a la llegada de granaderos a Coyoacán. El INAH detuvo los trabajos momentáneamente, como para dar un respiro a las autoridades y para ver si se enfriaba el asunto, pero ya dio el visto bueno para la instalación de los parquímetros. Al mismo tiempo, se hizo una encuesta entre vecinos (probablemente solicitada por el gobierno), con preguntas más bien sesgadas, del tipo: ¿sabe usted que del ingreso proveniente de la instalación de parquímetros una parte será destinada a mejorar la obra pública?

Los vecinos han respondido como pueden, es decir organizándose y amenazando con votar en las próximas elecciones por un partido distinto al PRD. No dudo que en este esfuerzo haya más de un panista o un priista deseoso de que así sea. Pero sería un error pensar que los habitantes de Coyoacán están siendo manipulados o que no tienen razones legítimas para negarse a los parquímetros. En volantes informativos, los vecinos de la delegación rechazan argumento tras argumento: la instalación de parquímetros no elimina los franeleros, como se puede ver en Polanco y la Roma; los parquímetros empeoran la movilidad, pues se están queriendo colocar en calles principales como Centenario; “del dinero que pretende juntarse sólo el 30% (en teoría) será destinado a mejoras en las calles. ¿Qué pasaría con el otro 70%?”. “¿Qué no pagamos suficientes impuestos para tener pavimento y banquetas en buen estado, alumbrado público y seguridad al caminar por las calles?”; los parquímetros atentan contra la imagen de Coyoacán; se reporta que en las colonias donde se han colocado los parquímetros ha aumentado el índice de inseguridad; los residentes sin cochera van a tener problemas allí donde no los había, etcétera. Más allá de la razonabilidad o sensatez de los argumentos, lo cierto es que en la colonia Del Carmen (allí donde están los Museos Frida Kahlo y Trostsky) se llevó a cabo una votación y 93 por ciento de los vecinos dijo “no” a los parquímetros en su colonia. Es una pequeña muestra pero debería ser suficiente para advertir a los dirigentes del PRD en el Distrito Federal que medidas autoritarias como éstas los pueden hacer perder elecciones. Lo peor de todo es que, además, esas decisiones muestran la enorme contradicción de una izquierda, que por un lado pide consulta popular y por el otro la niega.

roberto.blancarte@milenio.com

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