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Miércoles , 20.06.2018 / 08:01 Hoy

Columna de Roberto Arias de la Mora

¿Qué les sucedió a "Patricia" y a nuestras autoridades?

Roberto Arias de la Mora

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Hoy quiero compartirles a mis probables lectores la sorpresiva felicidad y profunda gratitud que me provocó arribar a una Guadalajara con ese parsimonioso clima y olor a tierra mojada que tanto le distingue y que dejaba entrever rastros de lluvia apenas ligera del día anterior, así como poder constatar esa tranquilidad citadina propia de un sábado por la mañana que, obviamente, contrastó con las catastrofistas noticias que apenas un día antes me comenzaron a llegar hasta convertirse en un auténtico torrente de agua fría: lo mismo por mensajes de algunos familiares que las redes sociales o a través de algunos medios de comunicación.

Hasta la soleada y templada ciudad de Puebla comenzaron a llegarme noticias de Patricia, ese fenómeno meteorológico que, en menos de 24 horas, se había convertido en un huracán extremadamente peligroso de categoría 5 como no se recordaba en el Pacífico durante los últimos cincuenta años (MILENIO JALISCO, 23 de octubre).

Tan inesperado comportamiento meteorológico ha dado pie a un alud de noticias, comentarios y especulaciones hasta conformar un comportamiento social digno de estudiarse. Luego de disfrutar del ingenio mexicano y haciendo a un lado la mordaz picardía es posible identificar al menos dos líneas de explicación sobre lo sucedido: una primera argumentación de base científica sugiere que la barrera natural que representa la sierra sur de Jalisco se convirtió en el factor clave que favoreció la rápida degradación del fenómeno meteorológico, en tanto que una segunda línea de argumentación basada más bien en la fe y las creencias religiosas quiere ver en el hecho un auténtico milagro producido por la voluntad divina que desató su extraordinaria energía protectora que resulta tan incompresible para la mente humana como incompresiblemente modesto es el acto humano de la oración que es capaz de desatarla. Ambas versiones no se contraponen y más bien es una cuestión de cada persona decidir de manera libre desde dónde quiere ver los acontecimientos.

Cuestión aparte tiene que ver con el comportamiento de nuestras distintas autoridades frente a la emergencia. Si bien se agradece la oportuna respuesta con la que las instituciones públicas desplegaron las acciones de prevención y evacuación entre la población potencialmente afectada por el meteoro, para el anecdotario popular quedaron registradas algunas pifias en que incurrieron algunos de nuestros políticos profesionales en su afán por hacerse notar entre los diversos medios de comunicación que cubrieron la noticia. Pasada la emergencia, resultaría altamente deseable más acción institucional y menos protagonismo de políticos.

roberto.arias@coljal.edu.mx

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