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Columna de Roberto Arias de la Mora

Profesionales al servicio del hombre y la mujer

Roberto Arias de la Mora

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Apenas la semana pasada llamábamos la atención sobre la urgencia social por reivindicar a la administración pública profesional como una política pública socialmente relevante, y ahora se nos presenta la inmejorable oportunidad para denunciar una de las peores expresiones corruptas de la mal entendida profesionalización en el servicio público: las prácticas de acoso sexual al amparo del poder que otorgan los cargos públicos.

En efecto, el caso de la denuncia por acoso sexual presentada en contra de Horacio Hernández Casillas, coordinador de Antropología del Centro Universitario de Ciencias Sociales (CUCSH), de la Universidad de Guadalajara, que inusitadamente se convirtió en un auténtico detonador para empoderar a otro tanto más de mujeres estudiantes y docentes, quienes se manifestaron públicamente en contra del acoso sexual que parece ser una práctica recurrente tanto en el CUCSH como en otros centros universitarios (MILENIO JALISCO, 31 de mayo); ilustra con bastante nitidez las dimensiones del grave daño moral que suelen producir sobre la demeritada confianza social en las instituciones públicas, el comportamiento corrupto de quienes, al amparo de una prolongada permanencia en alguna responsabilidad administrativa, desde su pequeñez humana terminan cometiendo abusos mayores, generalmente encubiertos a la sombra de esa pequeña esfera de poder que les brinda algún cargo administrativo.

Este lamentable caso del ámbito universitario en particular, permite advertir acerca de los no pocos riesgos que pueden presentarse en cualquier otro ámbito de la administración pública, cuando la imprescindible estabilidad laboral que, en principio, deben gozar todos los servidores públicos, se alcanza y asegura por cualquier otro criterio ajeno a los méritos probados en su desempeño profesional.

Contrario a la opinión de algunos colegas, que pretenden reducir el gravísimo fenómeno de la corrupción en el servicio público a una cuestión de incumplimiento de las leyes, soy de la opinión de que la profesionalización de la administración pública, como una meta y resultado socialmente relevante; exige además, reconocer que los servidores públicos no son ángeles bajados del cielo sino seres humanos de carne y hueso y, por tanto, sus actuaciones deben estar sometidas permanentemente a procesos de supervisión y evaluación que, de manera sistemática, den cuenta de su desempeño ético y profesional en el cumplimiento de su responsabilidad pública. Al final, se trata de que los incentivos al interior de administración pública favorezcan el ingreso, permanencia y desarrollo de profesionales al servicio de los hombres y mujeres de Jalisco.

roberto.arias@coljal.edu.mx

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