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Columna de Roberto Arias de la Mora

La ley y la justicia ayer y hoy

Roberto Arias de la Mora

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En su mensaje a la Nación con motivo de la expropiación petrolera, que desde Palacio Nacional emitió el presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río, el 18 de marzo de 1938, solicitaba al pueblo “confianza plena y respaldo absoluto en las disposiciones que el propio Gobierno tuviere que dictar” en alusión a la expropiación que desde su perspectiva resultaba ineludible y que se dictó como “medida definitiva y legal para acabar con este estado de cosas permanente en el que el país se debate sintiendo frenado su progreso industrial por quienes tienen en sus manos el poder de todos los obstáculos y la fuerza dinámica de toda actividad, usando de ella no con miras altas y nobles, sino abusando frecuentemente de ese poderío económico hasta el grado de poner en riesgo la vida misma de la nación, que busca elevar a su pueblo mediante sus propias leyes aprovechando sus propios recursos y dirigiendo libremente sus destinos”.

A escasos meses de la conmemoración de aquel acto realizado hace ya casi 81 años, en aras “de salvar la economía del país por el propio esfuerzo de sus ciudadanos” y luego de la consumación de las reformas estructurales realizadas al sector energético nacional, que terminaron de abrir nuevamente la puerta de la industria petrolera a la inversión privada; nos topamos con otro mensaje presidencial, en esta ocasión por conducto de Andrés Manuel López Obrador, para advertir “a corruptos y huachicoleros que no quieran jugar a las vencidas, porque va a triunfar la ley y la justicia” (MILENIO JALISCO, 7 de enero), en alusión a las medidas adoptadas al interior de la Paraestatal Petróleos Mexicanos, con el cambio radical en la logística de distribución de hidrocarburos, implementado por el gobierno de la República con el apoyo y respaldo de las fuerzas armadas y la policía federal.

La justificación presidencial ante la radicalidad de tales medidas anticorrupción, encontró en el propio gobierno al culpable, al señalar que: “nos hacían creer que era por la ordeña de los ductos, el huachicoleo, era una cortina de humo, toda una farsa, porque todo ese robo se permitía desde el gobierno, quedaba en el interior del gobierno… ¿cómo va a ser huachicoleo si estamos hablando que hace 25 días, 30 días, se robaban más de mil pipas diarias de 15 mil litros? ¿Cómo distribuyen toda esa gasolina robada? Pues había una actitud de complicidad plena al interior de Pemex y es lo que estamos corrigiendo” (MILENIO JALISCO, 7 de enero).

A diferencia de antaño, ahora no hubo mensaje alguno para ese pueblo de gobernados y que, en su calidad de consumidores de gasolinas, se vio severamente afectado por el desabasto generalizado de combustibles.


Académico de El Colegio de Jalisco



roberto.arias@coljal.edu.mx



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