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Miércoles , 12.12.2018 / 00:42 Hoy

Columna de Roberto Arias de la Mora

La corrupción más allá del federalismo

Roberto Arias de la Mora

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A pesar de la persistencia de tan diversas posturas que se han venido expresando a través de los diversos medios de comunicación sobre la manera de entender el problema de la corrupción en nuestro país, algunas complementarias y otras francamente confrontadas; finalmente la puesta en operación de lo que pretende convertirse en el Sistema Nacional Anticorrupción, parece avanzar con el primer paso obligado que tiene que ver con la aprobación presupuestaria que dé soporte a sus correspondientes órganos ejecutivos y que, de acuerdo con la propuesta presentada ante el Senado de la República, en principio supondría un monto de 143 millones de pesos que incluye la creación de 150 nuevas plazas (MILENIO JALISCO, 4 de octubre).

Más allá del monto presupuestal que ya fue calificado como “austero y transparente” por la presidenta del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, Ximena Puente; quizás una de las notas preocupantes fue la del Auditor Superior de la Federación, Juan Manuel Portal, quien “acusó a los gobernadores, en general, de actuar con indisciplina en el manejo de los recursos asignados, [lo cual] deriva no sólo en mayor gasto, endeudamiento o toma de recursos que no son para tales propósitos, es decir, desvío de recursos y en ocasiones, obviamente, corrupción” (MILENIO JALISCO, 4 de octubre); una nota que se vio reforzada por el reciente Estudio sobre la disponibilidad presupuestal para el combate a la impunidad, cuyos resultados dados a conocer por la Fundación Este País revelan que la lucha contra la impunidad no es prioridad para los gobiernos estatales, los cuales destinan en total apenas 150 millones de pesos, esto es apenas un 7 por ciento, en promedio, del gasto de cada entidad federativa (MILENIO JALISCO, 6 de octubre).

Ciertamente a la luz de la situación por la que atraviesa algunos gobiernos y gobernadores estatales, como el impresentable caso de Javier Duarte en Veracruz, viene a reforzar el escepticismo en la percepción de los mexicanos; sin embargo, lo preocupante con este tipo de visiones es su naturaleza maniquea que reduce el problema de la corrupción a una cuestión de hombres buenos contra malos: en el que “los buenos”, al menos por ahora, se encuentran del lado de la Federación, en tanto que “los malos”, por el momento, se identifican del lado de los gobiernos locales.

Tales visiones maniqueas obscurecen las raíces que alimentan el problema de la corrupción en nuestro país, que tienen que ver más con la inequidad social y la pobreza extrema que favorecen relaciones clientelares y con leyes mal hechas que dejan abierta la puerta a la impunidad.

roberto.arias@coljal.edu.mx

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