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Columna de Roberto Arias de la Mora

¿Importa el número de partidos políticos?

Roberto Arias de la Mora

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Entre los saldos más significativos que arrojaron los resultados electorales del pasado dos de julio, sin lugar a dudas tiene que ver con la pérdida de registro de algunos partidos políticos, como son el caso de Encuentro Social y Nueva Alianza, que no alcanzaron el umbral mínimo del tres por ciento requerido por la legislación, lo mismo para la elección presidencial que para los cargos de elección del Congreso de la Unión. Otros partidos más, obtuvieron una votación que se ubicó al borde. Tal es el caso de los partidos del Trabajo, Movimiento Ciudadano y de la Revolución Democrática.

Frente a tales resultados, algunas primeras reacciones coyunturales apuntan a que “el sistema de partidos políticos entró en una recomposición forzosa. Algunos lucharán por un comienzo distinto después de perder el registro; otros ni siquiera podrán levantarse de este gran golpe” (MILENIO JALISCO, 9 de julio). Más allá de las opiniones del momento, seguramente la reciente experiencia electoral mexicana propiciará una nueva oleada de reflexión académica en torno a los sistemas electorales y su importancia.

Por esta razón quizás valga la pena llamar la atención sobre aquella conocida sugerencia que realizó Sartori (1994), respecto a la lógica que deben conservar los sistemas electorales según su propósito, a fin de no confundir a los electores con decisiones que simultáneamente tengan propósitos diversos. Esto es, entre la decisión de emitir un “voto sincero”, definido como un voto emitido libremente a favor de su primera preferencia (una decisión esperable bajo un sistema electoral basado en la representación proporcional); o bien, la decisión de emitir un “voto estratégico”, definido como ese comportamiento de los votantes que tienden a concentran sus papeletas en los candidatos con mayores probabilidades de triunfo (decisiones que suelen presentarse bajo un sistema electoral de tipo mayoritario). De lo contrario, además de la confusión entre los votantes, seguramente “se convertirá en una forma de elegir parlamentos inútiles. Quizás los defensores de los híbridos –esto es, que combinan el sistema de representación proporcional con el sistema de tipo mayoritario– creen que están conjuntando lo mejor de los dos mundos; pero lo más probable es que obtengan, por el contrario, un híbrido bastardo que combina sus defectos.” (1994:93).

Si nos atenemos a su hipótesis acerca de la confusión producida en los electores, la experiencia mexicana reciente apoyaría el punto de vista del politólogo italiano, y sus resultados bien podrían ser una primera señal de avanzar hacia la indispensable reducción numérica de los partidos políticos existentes.

roberto.arias@coljal.edu.mx

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