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Columna de Roberto Arias de la Mora

El desgobierno del territorio II

Roberto Arias de la Mora

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A la memoria de Angélica María Saldívar



El motivo por el que Angélica María Saldívar Jáuregui se encontró con la muerte fue el disparo en la cabeza que le asestó uno de los delincuentes, por resistirse a que le robaran su bolsa (MILENIO JALISCO, 9 de octubre). Por su condición de estudiante de Derecho bajo la modalidad semiescolarizada que ofrece el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, este hecho violento se sumó al legítimo reclamo de esta comunidad estudiantil que se siente profundamente agraviada por las graves condiciones de inseguridad prevalecientes y que prácticamente deben enfrentan todos los días durante sus traslados a las aulas.


El considerable incremento de los hechos violentos que han afectado a esta comunidad en particular y a la sociedad jalisciense en general, nos hablan del enorme desafío existente para el poder político, el cual aparece hoy en día rebasado por los escasos frutos que, hasta ahora, han ofrecido las estrategias y los esfuerzos gubernamentales por contener, por la vía del uso legítimo de la fuerza (Weber, 1997), las variadas expresiones de inseguridad que enfrentan los ciudadanos a los que aspira gobernar.


Por los magros resultados obtenidos por el gobierno en materia de seguridad pública, tal pareciera que la sombra de ingobernabilidad irremediablemente se ha venido extendido a lo largo y ancho del territorio jalisciense. Si entendemos la ingobernabilidad en términos de la probabilidad de que el gobierno no gobierne a su sociedad (Aguilar, 2016), como el propio Aguilar Villanueva lo ha dejado en claro, lógicamente se deduce que tal condición también supone reconocer y aceptar la probabilidad de que la sociedad ha dejado de ser gobernada por su gobierno. Y al menos a la luz de los asuntos relacionados con la seguridad ciudadana, esa probabilidad se aprecia muy cercana a la realidad social de Jalisco.


Bajo tales condiciones y en tanto los tres órdenes de gobierno se deciden y encuentran las condiciones institucionales que les permitan recuperar esas capacidades de respuesta extraviadas frente a los hechos violentos; a los ciudadanos nos corresponde asumir nuestra responsabilidad personal y colectiva para recuperar aquellas capacidades y saberes sociales que nos permitan contener y regular socialmente las más mínimas expresiones de discordia, así como prevenir las manifestaciones de violencia intrafamiliar y social a lo largo y ancho del territorio jalisciense. Recuperar la seguridad y control sobre el territorio debe convertirse en la prioridad fundamental de los esfuerzos por emprender tanto de parte de los gobiernos como de la sociedad toda.



roberto.arias@coljal.edu.mx



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