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Martes , 16.10.2018 / 06:19 Hoy

Columna de Roberto Arias de la Mora

Candidatos y votantes a prueba

Roberto Arias de la Mora

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La Arquidiócesis de Guadalajara decidió manifestar su posición de cara a la próxima jornada electoral del 7 de junio. Dicho manifiesto reitera algunos principios fundamentales: lo mismo el respeto a la vida humana desde la concepción hasta su conclusión natural, la promoción y tutela de la familia y el derecho de los padres a educar a sus hijos, que la promoción y tutela de la libertad religiosa, los derechos de los trabajadores a una justa remuneración, el descanso y un ambiente laboral que no vaya en detrimento de su salud, hasta el compromiso político ineludible que tienen los fieles y la salvaguarda del medio ambiente. Como lo he referido en otras ocasiones, tales principios no resultan menores para la competencia político-electoral en marcha, se ha mostrado una convergencia ideológica predominante en torno a estos valores que se encuentra arraigada entre los jaliscienses y que derivan de añejas disputas entre el Estado y la Iglesia católica (Arias, 2013). Dicha convergencia ideológica no sólo explicó la decisión táctica adoptada antes de la jornada electoral del 2009, por parte de la fracción del PRI en el Congreso del Estado para apoyar y aprobar la iniciativa popular que concretó entonces para Jalisco, junto con el voto del Partido Acción Nacional, la llamada reforma constitucional a favor de la vida; sino que ahora en 2015, como suele ocurrir en cada proceso electoral, vuelve a ser relevante en el contexto de un debate político francamente empobrecido. Estoy convencido que apelar a estos principios del pensamiento católico-cristiano con los que definitivamente muchos ciudadanos coincidimos como fines por alcanzar, es un comportamiento francamente oportunista por parte de algunos candidatos que buscan obtener el voto favorable del ciudadano, pero realmente poco abona a elevar la calidad de un debate político pertinente y centrado en la discusión de los medios y las alternativas efectivas que bien nos merecemos los ciudadanos y nos siguen debiendo los candidatos de todos los partidos políticos. A la pobreza argumentativa habrá que añadirle la pobreza cívica. Quizás la mayor amenaza que se cierne sobre la próxima jornada electoral radique en la corrupción del voto ciudadano. De muy poco servirá que atendamos y cuidemos la jornada electoral, si los votantes ejercen su derecho sin haberlo razonado, movidos más por el miedo que la esperanza, ya sea bajo coacción o de manera voluntaria a cambio de una dádiva.

roberto.arias@coljal.edu.mx

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