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Sábado , 21.07.2018 / 19:18 Hoy

Apuntes bajo cero

El chiquito le da la vuelta al grande

Roberta Rodríguez

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Aquí vamos un día a la vez, conscientes que todo puede cambiar, climatológicamente hablando, de un momento a otro. Las pruebas se siguen reagendando, ya no para días posteriores, porque ya casi termina todo esto, ahora se adelantan. Resulta que se pronostican fuertes vientos y nevadas para el próximo viernes (sí estamos un poco nerviosos todos), así es que el comité organizador decidió adelantar la final del Snowboard Big Air, así como el Combinado Alpino.

Como les contaba, hoy (ayer)fue un día muy bueno y antes de platicarles sobre el tipo de sangre de algunas personas quiero describir un poco la sensación tan extraña que tengo cada que escribo esta columna. Estoy 16 horas adelante que ustedes en México, suena muy simple pero al estar acá de verdad que se vuelve un poco confuso. Todo el tiempo mis compañeros y yo nos cuestionamos el día en el que estamos porque las actividades no corresponden a lo que vivimos acá, una sensación extraña que continua después de tres semanas.

Lo que les quería contar es que estuve en el Phoenix Snowboard Park, ahí se llevó acabo la final femenil de Snowboard Half Pipe, ganó Canadá, terminando esa final fue la competencia de clasificación de la misma prueba pero en la rama varonil. Me ha llamado mucho la atención la cantidad de hermanos que tenemos en esta justa olímpica y que compiten en la misma prueba. Ahora fue el caso de Miguel Porteous y Nico Porteous de Nueva Zelanda. Miguel tiene 18 años y Nico tiene 16.

De un total de 27 atletas califican 12 a la final y en total había cuatro de Nueva Zelanda.

El primero en realizar su descenso fue Nico (el más joven). Ambos tienen experiencia en campeonatos mundiales y algunos otros eventos internacionales, Nico empezó a esquiar a las 4 años. Me dispuse a analizarlo a él, como en total eran dos carreras no los podemos entrevistar hasta que acaben ambas, lo observé y esperé a que compitiera su hermano Miguel, ya que terminaron ambos, los entrevisté por separado.

Primero platiqué con Nico, justo al que ya había yo analizado un poco cuando salió de la primera carrera. Logré observar cómo se comportó con la gente de su equipo, escuché algunos comentarios sobre los errores que tuvo y cómo podía ajustar todo para el siguiente descenso. Platiqué con él y me topé con el típico adolescente relajado, que disfruta lo que hace y que no necesita ver mucho más allá, él simplemente es; después de las preguntas importantes sobre su competencia, cómo se sintió, los contrincantes, llegué a lo que yo quería, ¿cómo es la relación con tu hermano? ¿Quién es mejor que quien? ¿Hacen apuestas entre ustedes? ¿Quién entrena más? ¿Te da coraje cuando te gana? Yo feliz preguntando y él sumamente relajado contestando. Realiza su segundo descenso Miguel y no le va bien. Lo espero en mi posición, justamente me paré a lado de la prensa de Nueva Zelanda para que no se me fueran. Llegó Miguel y completamente lo opuesto, un chavo serio y de pocas, muy pocas palabras, entendí perfecto que estaba muy enojado por cómo le había ido. Nico pasó a la final y Miguel no, primeros Juegos Olímpicos de ambos y el chiquito le dio la vuelta al grande.

Aunque sí se felicitaron al final, fue evidente para todos que Miguel estaba muy enojado, abrazó un poco a Nico, solo un poco y se fue.

Que extraño, complejo y maravilloso debe ser este tipo de relaciones.

robertarodriguezlozano@hotmail.com

twitter@robertadeportes

Roberta Rodríguez es enviada especial de Claro Sports a los Juegos Olímpicos de Invierno 2018

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