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Viernes , 25.05.2018 / 21:53 Hoy

Columna de Roberta Garza

La segunda muerte

Roberta Garza

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Cuando el mexicano promedio medita sobre el desempeño de sus autoridades oscila entre dos conclusiones: son unos malandros de miedo o unos ineptos de antología. Así me encuentro ahora ante la segunda muerte de ese personaje como de película del Santo contra Los caballeros templarios que fue Nazario Moreno. Dicho en el quinto Informe de gobierno del entonces presidente Felipe Calderón: “Nazario Moreno (...) principal líder delictivo, responsable del adoctrinamiento y uno de los fundadores de la organización criminal La Familia, (fue) abatido por fuerzas federales en diciembre de 2010”.

Ahora resulta que no solo no fue abatido, sino que se dio el lujo de reinventar su marca, migrando del casero mote de La Familia michoacana al muy esotérico apelativo de Los caballeros templarios, con capillas, efigie de caballero medieval y oración incluida: “Oh señor todopoderoso, líbrame de todo pecado, dame protección bendita, a través de san Nazario”.

Aunque esa noche de balas de diciembre de 2010 en Apatzingán el cuerpo se reportó como robado por sus cómplices, la muerte del capo se dio por un hecho. No sería la única vez que el gobierno de Calderón diera por muerto a algún narco que luego resultaría vivo: lo que me pregunto es si lo hicieron por el afán de aparentar que estaban ganando su guerra o por motivos más oscuros. Vaya: si por ineptos o por malandros.

También me pregunto cómo es que, a estas alturas, no se ha abierto un proceso contra los responsables del desaguisado: el entonces director de la SSP, Genaro García Luna, su subprocuradora encargada de perseguir la delincuencia organizada, Marisela Morales —nuestra inexplicable cónsul en Milán— y Alejandro Poiré, ex director del Cisen, ex secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional y del gabinete de seguridad, entre otros. Y, por qué no, contra Felipe Calderón, artífice y sostén de los anteriores nombramientos.

Pero, carajo, eso jamás va a suceder: no en un país donde en un lejano 2007 se incautaron más de 200 millones de dólares al chino nacionalizado mexicano Zhenli Ye Gon que, ahora sabemos, fueron fruto del tráfico de precursores de metanfetaminas principalmente entre China y el puerto de Lázaro Cárdenas. Sí, ese Lázaro Cárdenas que acaba de ser rescatado del control de los Templarios, antes La Familia, antes La Empresa, todas de Nazario Moreno, el capo muerto dos veces. Y sí, ese Zhenli Ye Gon que, buscado por la Interpol y capturado en Estados Unidos, confesó que resguardaba esos 207 millones para ser usados en campañas políticas afines a la Presidencia por encargo de un miembro del gabinete —Javier Lozano—, sin poder nadie saber si eso es verdad o mentira. Lo que sí consta es que Jorge Joaquín Díaz López, el fiscal que giró la orden de arresto contra Ye Gon, renunció en enero de 2009 luego de esa “Operación Limpieza” cortesía de Marisela Morales que terminó encarcelando al superior de ambos, Noé Ramírez Mandujano, ex titular de la Siedo, y al ex director de la Interpol México, Rodolfo de la Guardia, entre otros. ¿Cómo se sustentó jurídicamente esta operación? Mediante las declaraciones acusatorias de un delincuente vuelto testigo protegido pagadas por el gobierno en millones de pesos.

Al día de hoy, todos los acusados están libres por lo endeble de las pruebas contra ellos.

Al final, una se pregunta inevitablemente si sospecharlos ineptos es, en sí mismo, un acto de suprema estupidez.

http://twitter.com/robertayque

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