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Columna de Roberta Garza

De Tampico a Ciudad "Neza"

Roberta Garza

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La última pieza que Mike O’Connor escribió para el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por su sigla en inglés) se titula “Grupos armados controlan Neza y la prensa en los suburbios de la Ciudad de México”, y aparece al comenzar el capítulo 8, llamado “Censurado”, del compendio de 2014 llamado “Ataques a la prensa”.

O’Connor, añejo corresponsal de guerra, fue uno de los principales impulsores en México, donde vivía y donde murió de un ataque al corazón, de la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Los testimonios en su reporte, de 12 periodistas, 9 policías y cerca de 30 empresarios de Neza, aunque anónimos, son apabullantes. Va el de un policía: “Suele haber cuatro personas en el automóvil (…) se acercan y nos muestran sus rifles. Nos dicen ‘el territorio es nuestro. Váyanse’”. Y, claro, se van. Otros policías mencionan que lo mismo hacen cuando ven camionetas grandes, con vidrios polarizados y sin placas; que desde hace cuatro años las autoridades allí “entregaron la ciudad a La Familia michoacana”.

Esto sucede en la porosa frontera entre Neza y la Ciudad de México, donde sus gobernantes dicen que no han llegado los cárteles. A pesar de que nadie ha explicado aún cómo o quién corrompió para que nada vieran los policías apostados en la Zona Rosa, allí donde fueron levantados los 12 del Heaven, ni cómo es que los prófugos del nuevo michoacanazo han sido casi todos capturados en céntricas colonias del DF.

¿Y los periodistas? “Los periodistas afirman que no pueden escribir sobre esto porque serían asesinados”. Como en Tamaulipas, donde a partir de la presidencia de Fox solo se cubre el clima, eventos sociales o inauguraciones de obra pública, por lo cual los asesinados son los tuiteros. En Neza O’Connor recoge el testimonio de un reportero de un medio nacional: “Los demás periodistas y yo vimos lo que estaba sucediendo en otros estados, como en el norte, donde los carteles incendiaban empresas si no les pagaban la extorsión. Pero pensamos que nunca llegaría a la capital (…) y nunca creímos que acá nos veríamos amenazados. Nos equivocamos en ambas cuestiones. Están quemando negocios, han tomado el poder y estamos siendo amenazados”, y el de una editora nacional de La Jornada: “Ya no golpean más a las puertas de la capital. Ahora están en la cocina y no le podemos decir a nadie que están allí (…) Nuestro corresponsal puede ser secuestrado o golpeado o inclusive asesinado. Aparentemente no hay gobierno que pueda protegernos”. ¿Qué dice a esto la autoridad local en boca de Juan Zepeda, el alcalde de Ciudad Neza?: “La policía estatal y federal están ambas infiltradas por el cartel. Hay policías cometiendo crímenes por su cuenta o para el cartel”. Y termina concediendo que él no puede hacer nada si el ciudadano denuncia a la policía y ésta de inmediato avisa a los cárteles, los cuales se vengan contra el acusador, ahora doblemente víctima. “Si no puedo proteger a una persona que denuncia un crimen, ¿cómo voy a proteger a los periodistas que cubren lo que el cartel hace a diario?”.

El reporte remata: “El editor de un periódico local que afirmó que había escrito en una columna que funcionarios de la policía municipal a veces cobraban dinero de la extorsión, aparentemente en nombre del cartel, señaló haber recibido una amenaza de muerte (…) Los reporteros de periódicos nacionales tampoco hicieron referencia alguna a esa nota”.

Ni, curiosamente, al demoledor informe del CPJ.

http://twitter.com/robertayque

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