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Domingo , 19.08.2018 / 01:59 Hoy

Artículo mortis

Tenemos que hablar de plagio

Roberta Garza

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Carmen Aristegui anunció, en términos que nada ocultan su animosidad hacia el personaje, la publicación de una nota sobre EPN que quedó en tirititito. Pero la mercadotecnia de cada quién es tema de poca relevancia, y la desproporción percibida entre el anuncio y el contenido del reportaje no debe ser justificante para desestimar al último, por anticlimático que haya terminado siendo.

El hecho es que nuestro Presidente plagió una tercera parte de su tesis profesional. La Universidad Panamericana aclaró que en la elaboración de la nota no se les consultó —si bien el periodismo comprometido no se distingue por su acuciosidad, la realidad es que, en este caso, poco cambiará lo que diga o deje de decir la UP—, y que esa universidad "cuenta con procedimientos para que los procesos de titulación cumplan con los requisitos previstos en la normatividad avalada por las autoridades correspondientes". Inserte aquí las risas grabadas.

Por su parte, el secretario de Educación ya salió a descontar el reportaje diciendo que "hay cosas mucho más importantes". Pésima seña cuando la deshonestidad intelectual es considerada mal menor: no sé qué rasgo pueda ser más indispensable para un Presidente de la República. Pero asumamos que Nuño habla de asuntos más urgentes —que no más importantes— como el tenebroso futuro de nuestra economía, la inseguridad, la impunidad, la corrupción y la ausencia de estado de derecho. Esa confusión entre lo urgente y lo importante como malhadado rasero ético parece sernos endémica, pues sobran los comunicadores y académicos nacionales que, con razón, se desgarran las vestiduras denunciando las tragedias anteriores, pero sin despeinarse a la hora de plagiar, y no en sus juventudes, sino hoy, hoy, hoy: aunque muy desangeladamente, Volpi y Dresser calcaron el libro de Jon Stewart, America, en su México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria. Además de lo del 68, Poniatowska consignó haberle escuchado a Borges, en entrevista, un poema que él nunca escribió; Guadalupe Loaeza ha robado más de un artículo y Javier Alatriste, Sicilia y una larga lista de creadores han sido acusados, con mayor o menor verosimilitud, de plagio, habiendo nunca o muy pocas veces perdido privilegios o posiciones por ello, cuando menos, no en México.

Los casos anteriores —más los que se me escapen— son bien conocidos y están documentados —échense un clavado en los archivos de Guillermo Sheridan—, pero el gran público difícilmente los registra como problemáticos para el desempeño o la credibilidad de los aludidos. Curiosamente, lo mismo que pasa hoy con Peña Nieto.

Twitter: @robertayque

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